Sábado , Noviembre 25 2017
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El ingreso de migrantes ilegales es un fenómeno que en los últimos años ha ido aumentando. De quinientas y tantas personas en el 2005 pasamos a las casi 8 mil del año pasado. En el mar Mediterráneo naufragan por cientos en su camino ‘a la libertad’.

Africanos, el nuevo negocio de los ‘coyotes’

“Por un asunto de humanidad, si recibimos a un grupo de ilegales que lleva tres días sin comer, les damos de comer… Del presupuesto del Servicio Nacional de Fronteras sale cada desayuno, cada almuerzo y cada cena… eso representa $1 millón al año”.

El director del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), el comisionado Frank Abrego habló con Portada sobre los ilegales que llegan a Panamá, en su mayoría a través de la zona fronteriza del Darién, provenientes de la región del Chocó en Colombia. Ábrego narra cómo su entidad sufre las consecuencias de un problema cuyos orígenes se remontan a las situaciones políticas y económicas de África o el Asia menor, pero que, al final, le terminan costando grandes sumas de dinero y recursos a Panamá que, al ver que el fenómeno toma tamaño desproporcionado, empieza a planear medidas más rigurosas para controlar la situación. El lado menos atractivo de ser un país de tránsito.

PORTADA: ¿Representa la migración ilegal un problema para Panamá?

FA: ¡Claro que representa un problema! Es un fenómeno que en los últimos años ha ido aumentando. De quinientas y tantas personas en el 2005, pasamos a las casi 7 mil u 8 mil del año pasado. Este año ya igualamos esa cifra, por lo que creemos que este año llegaremos a las 11 mil personas entrando ilegalmente al país.

PORTADA: ¿Y de dónde vienen los ilegales?

FA: Hace unos años – en el 2002 o 2003, cuando comienza nuestra experiencia en el Darién- los inmigrantes que cruzaban (porque siempre han cruzado) eran ecuatorianos, peruanos e, incluso, colombianos, que iban hacia los Estados Unidos en busca del “sueño americano”. Con el tiempo eso fue variando. Hoy nos encontramos con gran cantidad de personas de origen transcontinental (de distintos países y etnias del África, de Asia Menor como la India, Pakistán, Afganistán, Bangladesh y Nepal).

PORTADA: ¿Cuáles son las rutas de llegada?

FA: Lo que hemos conversado con otras entidades internacionales, es que la gran mayoría de los africanos viajan a Brasil, país que tiene una política de puertas abiertas con África. Los brasileños han hecho tratados bilaterales con muchos países africanos como Angola, Senegal, Sudáfrica. Eso ha liberado las normativas para ingresar a Brasil (visa, registro preliminar, etc.). Según nos han dicho, los africanos entran como un ciudadano más. De Brasil, pasan a Ecuador. Cruzan Colombia a pie y llegan al poblado de Turbo, del otro lado del Golfo de Urabá. Ahí cruzan (ya sea pagando a un lanchero o caminando) la cordillera de Tacarcuna, que nos separa de Colombia. Entonces, siguen andando guiados por coyotes. La ruta varía dependiendo de qué camino les oferten. Si es por Tacarcuna, salen a los poblados panameños de Bajo Chiquito y del río Turquesa Antes cruzaban a través de Paya y Púcuru; pero, a raíz de que el ejército y la Policía Nacional de Colombia iniciaron una operación contra las bandas criminales y erradicaron la planta de coca, han decidido subir por los lados del río Turquesa, que se encuentra mucho más arriba de la ruta por la que originalmente cruzaban y es un poco más difícil caminarlo a pie, porque está más inexplorado.

PORTADA: ¿Y los cubanos?

FA: Ellos también contratan lanchas que los llevan hasta Sapzurro (Colombia). Ahí solo tienen que subir el cerro que nos separa. Del otro lado está la población panameña de La Miel. Al llegar se presentan como socorridos.

PORTADA: ¿Y cuál es el procedimiento?

FA: Llenarles los documentos y entregárselos a la Dirección de Migración. Se les lleva a Puerto De Obaldía. De ahí, toman un avión al aeropuerto de Albrook (gasto que ellos asumen) y Migración los recibe, nuevamente, para hacerles un nuevo filtro. Entonces, se les entrega un documento en el que se les indica que deben reportarse en migración cada 15 días.

PORTADA: ¿Y eso se cumple?

FA: Nunca lo hacen. La siguiente vez que nos damos cuenta ya están en la Calle 8 en Miami. Y no es broma. Ha habido casos en que los ilegales- por el grado de amistad que llegan a forjar durante los días que se quedan aquí- que llaman a uno de nuestras unidades o a los funcionarios de Migración desde allá (Estados Unidos). Hubo uno que llamó desde Nueva Jersey (Estados Unidos). No sabía que había una población de cubanos tan grande por allá.

PORTADA: ¿Cómo cambia el tránsito de ilegales la vida de estos poblados fronterizos?

FA: En Puerto De Obaldía, en donde llega la mayoría de los cubanos, han alterado la cultura local, porque el cubano maneja cierta cantidad de dinero que parientes o amigos les envían a través de Western Union, que utilizan en restaurantes u otras cosas. Lo que nos preocupa, y nos preguntamos, es que, al final, cuando no haya inmigrantes cubanos, de qué vivirá el pueblo, ya que han abandonado la pesca y la agricultura, porque es más fácil traer la comida en avión y venderla.

PORTADA: ¿Y los africanos y los árabes cómo conviven con los pobladores?

FA: Los africanos y los árabes, no son mal vistos por la población local, todavía, porque los ayudan. Todavía existe ese sentimiento de ayudar al ser humano, ya que no representa ningún gasto para ellos. La comida de todos ellos se las damos nosotros. Del presupuesto del Servicio Nacional de Fronteras sale cada desayuno, cada almuerzo y cada cena.

PORTADA: ¿Y cuánto representa eso en dinero?

FA: Bastante, cerca de $1 millón al año. En una reunión que tuvimos a principios de agosto, el Presidente ordenó al Servicio Nacional de Migración que nos diera un préstamo de casi medio millón de dólares para cubrir las necesidades de estas personas.

PORTADA: ¿Y estas personas no son peligrosas? ¿No han aumentado los hechos delictivos?

FA: iNo! Localmente no la hemos sentido. Internacionalmente, estamos en cooperación con el Custom and Border Protection de Estados Unidos, y también con el ICE, que es la parte investigativa del Border Patrol (patrulla fronteriza). Nosotros le tomamos las huellas a todos los ciudadanos que entran al país y le damos una copia a estas dependencias de Estados Unidos, para evitar que el responsable de algún posible acto terrorista pase por nuestro país. Eso ha dado resultado. En Estados Unidos han detenido a dos personas que han pasado por Panamá y que pertenecieron a alguna organización terrorista en sus países de origen.

PORTADA: Detrás de todo esto hay un gran negocio ilegal…

FA: ¡No tenga duda de eso! Esto ha surgido del lado colombiano (aunque no puedo negar que debe haber panameños que se presten para esto), porque hay personas que conocen los caminos y las trochas. Por ejemplo, en Acandí, una población del caribe colombiano, tiene como característica que subes la montaña y del otro lado está Turquesa en Darién. Si subes la montaña y tomas otro camino, llegas a Paya, del lado nuestro. Por muchos años, la gente ha cruzado de un lado a otro de la frontera. Antes sucedía en Jaqué y en Puerto De Obaldía. Son más los colombianos que los panameños los que buscan pasar a estas personas con el fin de llevarlos hasta donde esté presente el Senafront. Nuestra tarea es de socorrerlos.

PORTADA: ¿Y así como entra la gente, no entra la droga?

FA: ¡No lo dude!

PORTADA: ¿Los ilegales se usan para pasar droga?

FA: Las referencias de que lo hayan usado para cargar droga son muy bajas. Sólo dos o tres informaciones, pero muy vagas. Nunca hemos agarrado nada, salvo un africano que le encontramos un kilo de cocaína una vez.

PORTADA: ¿Y las FARC?

FA: Sí, hemos escuchado que los coyotes deben pagar un impuesto del lado colombiano si transitan por algún territorio controlado por ellos o por alguna banda criminal.

PORTADA: ¿Y no hay al-guna política de Estado para acabar con el tráfico ilegal de personas?

FA: Sé que el Presidente, a través de la Cancillería, ha elevado notas al gobierno de Colombia pidiendo mayor colaboración. Se ha incrementado nuestra presencia en algunos de los puestos fronterizos. Al final, ¿qué hacemos si 150 personas que cruzan por uno de nuestros caminos y se aparezcan en una de nuestras poblaciones? Nuestra tarea es devolvérselo a Migración.

PORTADA: ¿Y no pueden hacer otra cosa?

FA: Ha habido ocasiones en que les hemos dicho que se regresen. Se las hemos llevado a las autoridades colombianas; pero como las personas no tienen un sello de entrada ni de salida de Colombia, las autoridades simplemente nos dicen que cómo certifican que vienen de Colombia. Parece una duda tonta, pero en lo legal es válido.

PORTADA: ¿Hay un limbo?

FA: ¡Así es!

PORTADA: ¿La Ley local, a nivel general, es muy blanda?

FA: Si lo hablamos a calzón quitado, es muy blanda. Pero se basa en los derechos internacionales y en la carta de los Derechos Humanos. Hacemos lo mismo que harían los demás países.

PORTADA: ¿Cuántos de esos ilegales se quedan en Panamá?

FA: De lo que hemos visto, hasta el momento, cero. Si hay algún porcentaje, es muy bajo.

PORTADA: ¿Se le da la relevancia necesaria a este asunto?

FA: Diría que sí, justo el 10 de agosto, nos convocaron a una reunión con el Ministerio de Salud, Migración y a la que asistió el propio presidente, en la que se habló del tema de salud, de la comida, de las medidas que hay que tomar para controlar esto. No es que esté incontrolable; pero el volumen ha aumentado considerablemente. En julio de 2014 llegaron cerca de 500 yen julio de 2015 llegaron 2 mil.

PORTADA: Hemos hablado de distintos métodos de tratamiento de los ilegales, excepto la deportación, ¿qué no es una opción?

FA: Lo hemos intentado, pero ni los propios países originarios los aceptan. Tratamos de enviar a un grupo de africanos de Eritrea y Somalia a un campamento de refugiados de las Naciones Unidas en Kenia, y el gobierno keniano dijo que no.

PORTADA: ¿Y dónde están?

FA: Le soy franco, seguramente han de estar en Estados Unidos.

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