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El autor fue el trigésimo segundo presidente de Panamá (1978-1982). Integró la Comisión que redactó la Constitución de 1972. Fue ministro de educación; embajador en España, Francia y ante la OEA; y negociador de los tratados Torrijos-Carter. Actualmente es académico de número de la Academia Panameña de la Lengua.

Ajuste de cuentas con la historia

En uno de los rincones amurallados más evocativos de la pequeña ciudad fundada en 1673 bajo la silueta protectora del Ancón, existe una plaza casi íntima y recoleta que ya estaba cargada de historia cuando el Presidente Porras la rebautizó como Plaza de Francia. Para ello, encargó a Octavio Méndez Pereira que escribiese una historia sucinta del canal, la cual aún permanece grabada en las paredes con algunas palabras ilegibles por el paso de los años. Un obelisco, que recuerda más a Egipto que a Francia -porque fue un recuerdo de la expedición de Napoleón al país del Nilo- aparece coronado por el gallo, el valiente animal que lucha hasta morir.

Francia merece un sitio de honor entre las naciones del mundo por varios motivos, entre los cuales merece destacarse la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que se convirtió en motivo de inspiración de muchas constituciones de los estados democráticos occidentales. Un ejemplo para la humanidad fue la revolución que a partir de 1789 abolió el poder absoluto y consagró la separación de los poderes.

No obstante lo expresado, no fue el Gobierno francés el que emprendió en 1880 los trabajos para la construcción de una vía interoceánica en Panamá, sino una empresa privada que utilizó fondos procedentes de los ahorradores franceses que confiaron en Ferdinand de Lesseps por su éxito en la construcción del Canal de Suez en Egipto. Por diversos errores, falta de fondos y corrupción dentro de la Compañía Universal del Canal de Panamá como se denominaba la empresa, se produjo la quiebra inevitable y el consiguiente juicio con las condenas pertinentes, que fue conocido como “El escándalo de Panamá”. Hasta mediados del siglo pasado, cuando los franceses querían hacer referencia a un gran desfalco, a una quiebra fraudulenta, decían que se trataba de “Un Panamá”.

Por otra parte, si la Plaza de Francia no conmemora un éxito sino un fracaso; si Francia no ha reciprocado con un parque, monumento o avenida el homenaje que el presidente Porras le rindió, y si frente a los esfuerzos de Panamá para mejorar la transparencia de su sistema financiero el Gobierno francés ha sido el menos amistoso y colaborador, para que conmemore hechos y personajes de nuestra historia vale la pena pensar en darle otro nombre a la plaza.

Por: Aristides Royo

El cuartel Chiriquí era un edificio grande de mampostería ocupado por el ejército colombiano en Panamá. Allí el General Esteban Huertas, comandante en jefe, decidió apresar el 3 de noviembre de 1903 a los generales Tovar y Amaya que habían llegado de Colón y pretendían que se les permitiese el traslado de sus tropas por vía férrea al sector pacífico. Allí se congregaron los soldados de la independencia, que eran jóvenes reclutas voluntarios dispuestos a dar la vida si Colombia trataba de recuperar militarmente el istmo. El nombre de Plaza Chiriquí recordaría el nacimiento de nuestra república.

En la famosa plaza mencionada, miembros de un tribunal militar colombiano fusilaron al guerrillero liberal Victoriano Lorenzo el 15 de mayo de 1903; nuestros fundadores quedaron tan conmovidos que, desde el inicio de la era republicana, cuando Panamá ya era dueña de su propio destino, extinguieron constitucionalmente y para siempre la pena de muerte. Esa plaza podría llamarse Victoriano Lorenzo.

En la década de los cuarenta del siglo XX, a un costado del antiguo edificio de la Corte Suprema de Justicia donde actualmente funciona la sede del INAC, los diputados de la Asamblea Nacional sesionaban en el hemiciclo que servía como sala de audiencias. El 12 de diciembre de 1947, una multitudinaria manifestación popular logró que los diputados rechazaran la aprobación del Tratado Filós-Hines, que lesionaba los intereses panameños y favorecía los de Los Estados Unidos de América. El recuerdo de esa fecha podría ser también un nombre adecuado para la hermosa plaza.

La añeja plaza con sus bóvedas carcelarias de la época colonial, sus floridas acacias, y el homenaje a los primeros constructores del Canal, guarda una relación muy significativa con hechos de indudable importancia para nuestra identidad como nación, porque en la antigua Plaza Chiriquí se consolidó el movimiento de independencia. La paz del Wisconsin que puso fin a la Guerra de los Mil días, produjo una inmerecida víctima que fue fusilada en ese histórico rincón a orillas del mar y el pueblo mostró, en un haz de voluntades,
su nacionalismo y su anhelo de soberanía plena sobre todo el territorio panameño. Ajustemos cuentas con nuestra historia.

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