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Alemán Zubieta, el hombre que impulsó la Ampliación

Su visión de una vía interoceánica ampliada, que permitiera el paso de buques con 13 mil contenedores, se hizo realidad el domingo 26 de julio. El ingeniero habló con Portada acerca de su experiencia en las entrañas del Canal.

Por: Rekha Chandiramani

Sin pepitas en la lengua y con amplias explicaciones y ejemplos, así nos habló el ingeniero Alberto Alemán Zubieta en su oficina. La charla profundizaría en sus inicios como administrador de la vía interoceánica, los mitos que giraron en torno a la ampliación, su relación con CUSA, los retos de la obra, la relación inicial con los consorcios proponentes en la licitación y mucho más.

El ingeniero maneja las cifras al dedillo y se sabe la mayoría de las medidas de memoria, un ejemplo de lo comprometido que estuvo el egresado de Texas A & M con el reto más grande del Canal de Panamá. Su trayectoria en la administración canalera se remonta a la ocupación norteamericana. En 1996 fue propuesto por la Junta Directiva para administrar el Canal. Investigado y ratificado por el Senado norteamericano, toma las riendas de lo que él mismo llama “el petróleo de Panamá”.

Su papel en la transición administrativa fue medular para garantizar el funcionamiento y modernización de la vía. Su visión, liderazgo y talante profesional encauzaron a todo un equipo de panameños que junto a él iniciaron -y que luego continuaron y culminaron- lo que el pasado 26 de junio celebró el país con tanto fervor: el Canal ampliado.

Críticos no le faltan. Pero los reconoce como necesarios dentro del proceso democrático de cualquier nación. Su efímera intención de correr como candidato para las elecciones presidenciales se esfumó ante la inviabilidad de una candidatura independiente en un país dominado por partidos políticos.

Ostenta una trayectoria de 16 años en la administración del Canal. Y con ello, la relación con cuatro gobiernos panameños “posinvasión”. Sin omitir, como aclara él, el quinto, que fue el gobierno norteamericano.

Los temas espinosos no se quedaron fuera. Reservó una amplia explicación sobre su transición de Constructora Urbana, S.A. (CUSA) hacia la cúspide de la administración canalera. También disparó algunos dardos al artículo publicado por el “The New York Times” cuatro días antes de la inauguración de la obra.

Historias, anécdotas y consideraciones de quien tomó la batuta, retomó lo iniciado por los norteamericanos hace más de 50 años y contribuyó a reinventar el negocio de Panamá: el Canal.

Portada: Háblenos sobre sus inicios en el Canal…

AAZ: Este viaje comienza cuando el señor Emanuel González-Revilla, quien era director de la Junta Directiva Binacional, me llama en el año 95 para decirme que se iba a hacer un estudio a solicitud de los directores panameños, del estado en que los norteamericanos entregarían el canal. Tenían que asegurarse de que estuviera en buenas condiciones y él sabía que había mucha resistencia al estudio dentro del canal, aún administrado por los norteamericanos en ese momento. Como toda mi vida he estado en la industria de la construcción, me pidió que le hiciera unas recomendaciones a la propuesta del estudio. Le pedí los términos de referencia y en un avión, durante un viaje, plasmé mis comentarios. Luego se los mandé por fax y me solicitó que acompañara al entonces embajador de Panamá en Estados Unidos, Ricardo Alberto Arias, a reunirse con Joe Reeder, chairman of the board del Canal y subsecretario del Ejército, para explicarle mis comentarios. Al principio quedé desconcertado, porque yo le hice las observaciones a título personal, como ingeniero, no como funcionario, pero al final terminé en el Pentágono. Los comentarios fueron acogidos y aprobados por la Junta Directiva.

Portada: ¿Cuáles eran esos comentarios?

AAZ: Que el estudio era muy liviano, que no profundizaba lo suficiente. Anotaciones técnicas.

Portada: ¿Y luego?

AaZ: Como todas las anotaciones fueron aprobadas por la Junta Directiva del Canal, había que definir quién iba a inspeccionar al cuerpo de ingenieros que supervisaría ese estudio hecho por una agencia americana para otra agencia americana, ambas bajo el Departamento de Defensa. Panamá tenía unos fondos que había recibido de la Unión Europea para dicho estudio, que ayudaría en la transferencia del Canal. Les comenté a los directivos que no me parecía una buena idea porque podría haber conflictos y podrían querer imponer criterios. Debíamos garantizar que el estudio estuviese bien hecho y que resguardara los intereses de Panamá. Les propuse, entonces, armar un equipo de ingenieros panameños que supervisaría y revisaría el trabajo ad honorem, ya que para nosotros eso era un honor.

Funcionaríamos, eso sí, para la Junta Directiva, para evitar cualquier discrepancia con la administración del Canal. Nos pusieron así el nombre de Blue Ribbon Engineering Committee (BREC). Estábamos Roberto Roy, Moisés Castillo, Álvaro Palacios, Ernesto Ng y mi persona. Nos metimos en las entrañas del canal y supervisábamos todo el trabajo que hacía el cuerpo de ingenieros en todas sus diferentes etapas.

Portada: ¿Qué reacción tuvieron los norteamericanos en todo esto?

AaZ: Positiva. John River era el ingeniero civil encargado de los estudios y el subsecretario del Ejército (Joe Reeder) le mandó una carta a River diciéndole que esperaba un informe profesional, detallado y transparente. Que se dijera todo y que no se escondiera nada. La idea era que se arreglara todo lo que se tenía que solucionar porque había tiempo suficiente para hacerlo, faltaban cinco años para la transición.

Portada: ¿Cómo lo nominan para administrador de la vía interoceánica?

AaZ: Yo informaba al entonces administrador, el ingeniero Gilberto Guardia, con quien tengo una muy entrañable relación, sobre todos los avances, ya que estábamos del lado panameño que quería que las cosas se hicieran bien. Eso me hizo conocer el Canal a fondo y por eso me consideraron para administrarlo. Cuando el ingeniero Guardia renunció, a finales del 95, yo entro al año siguiente. Luego el ingeniero Roy toma la dirección del equipo de supervisión. Fui propuesto por Panamá y nombrado por Estados Unidos, luego ratificado por el Senado americano. En ese momento estábamos en el proceso de hacer la Ley Orgánica del Canal de Panamá.

Portada: ¿Cuándo empieza a hablarse de expansión?

AaZ: Vamos más atrás. En el año 97 se hace en Panamá un congreso universal celebrando los veinte años de los Tratados Torrijos Carter. Fernando Manfredo fue uno de los encargados de este proyecto. Se prepararían dos estudios para discutirlos en el congreso. Uno que hicieron los norteamericanos, para lo que contrataron a Kayser Engineering, y por el otro lado estaba un estudio europeo. Nos aseguramos de que ambos estudios fueran independientes y de que estudiaran la capacidad máxima del Canal de Panamá. Ambos estudios señalaron que aun con el plan de modernización, que surgió de la supervisión panameña y que fue costeado con el último aumento de peaje a los norteamericanos, el Canal alcanzaba su máxima capacidad en el 2011-2012. O sea que en quince años desde ese momento, el Canal llegaba a su capacidad tope. Ya en Estados Unidos nos habían mostrado los planos completos del Tercer juego de esclusas. Los trabajos habían empezado en 1939 y se paralizaron en 1942 por la guerra. Ante esta situación, me hice la reflexión de que estábamos recibiendo un Canal en buenas condiciones, pero que llegaría a capacidad plena a los 11 o 12 años de administración panameña. Nombramos una oficina bajo el mandato del administrador para que estudiara la capacidad del Canal y cómo mejorarla, considerando todos los estudios que se hicieron anteriormente. Ese equipo lo coordinó el ingeniero “Beto” Arias que hoy trabaja en el Metro de Panamá. Estaba Jorge de la Guardia también, además del señor River, cuyo apoyo pedimos “prestado” también.

Portada: ¿Qué siguió desde ahí?

AaZ: Empezamos a analizar de dónde se sacaría el agua para cualquier posible ampliación. La Ley Orgánica del Canal se aprueba en 1997 y una de las cosas que dice es que el Canal delimita su cuenca hidrográfica. Ese trabajo lo teníamos que hacer y empezamos por la cuenca occidental donde están río Indio, Caño Sucio y demás.

Portada: ¿Hubo resistencia de la población?

AAZ: Sí. La intención nuestra era estudiar las fuentes de agua, pero donde nos equivocamos, y lo tengo que aceptar, fue en la comunicación. Cuando los funcionarios iban al lugar hacían las explicaciones como ingenieros. La gente les preguntaba y ellos, transparentemente, les decían que estábamos viendo las fuentes de agua para posibles lagos. No teníamos conciencia sobre el impacto que tendría eso sobre la gente.

Portada: ¿Había alguna reserva indígena en esa área?

AaZ: No. No había ninguna reserva indígena. Había 36 mil 450 personas en toda la cuenca occidental. A finales de 1999, ya habíamos definido los límites de la cuenca y el porqué de que la cuenca llegara hasta allá era por los tres lagos que pensábamos construir y que representarían tres fuentes de agua que se podían desarrollar a futuro. Los norteamericanos ya habían estudiado la cuenca de río Indio en los años 30, pero estaban indecisos acerca de represarla. La otra opción -que eventualmente fue la que tomaron- fue represar aguas arriba del Chagres creando el lago Alajuela. Así controlaban las crecidas del Chagres también. Los gobiernos de Ernesto Pérez Balladares y Mireya Moscoso entendieron la necesidad y en la Asamblea pasaron el proyecto. Luego comenzó el movimiento contra los embalses, que en parte tenían razón, porque no habíamos comunicado todo lo necesario y de la forma correcta. Me reúno, entonces, con autoridades eclesiásticas y líderes campesinos en Cerro La Vieja. Allí escuchamos las preocupaciones de todos y nos comprometimos a llevar al gobierno una solicitud para un programa que les titulara sus tierras para que tuviesen los instrumentos para defenderlas. La lista de necesidades era enorme, eran comunidades con mucha carencia, sin acceso por tierra, en fin.

Portada: ¿Qué pasó después?

AaZ: El gobierno y el Canal se comprometieron en un programa que iba más allá de la titulación y que ha sido uno de los programas más exitosos de titulación de tierras en Latinoamérica porque usamos tecnología. El Canal apoyó con recursos para la definición de los límites y así evitar conflictos. Ordenamos la cuenca y el programa duró varios quinquenios en completarse por su integralidad y seguimiento. Creamos incentivos para que la gente pudiera poner la tierra a producir de buena forma y proteger sus tierras dentro de la cuenca hidrográfica. Si el Estado no da alternativas para cambiar las prácticas “tradicionales” y no le muestra mejores formas de aprovechamiento de la tierra a la población, seguirán degradando la cuenca, y no porque quieran tumbar árboles por tumbar, sino para subsistir.

Portada: ¿Cómo terminó ese episodio?

AaZ: Lo bueno fue que se censó y se ordenó toda la cuenca, pero ante las presiones y el desfase en la comunicación, buscamos otras alternativas. De ahí nace la idea de ponerle tinas de ahorro de agua a las esclusas. Son mucho más caras que haber hecho el embalse en río Indio.

Portada: ¿Qué otras medidas se tomaron para modernizar el Canal durante su administración?

AaZ: Aumentamos el programa de modernización que ya Gilberto Guardia había comenzado en el año 1992 con el ensanche del Corte Culebra. Terminamos ese proyecto y luego seguimos con las estaciones de amarre, usamos satélites para hacer los tránsitos más seguros, trabajos de iluminación e ir adecuando todo lo que le restaba capacidad al Canal. Modificamos el sistema de reservas para garantizar esperas de máximo 18 horas y nunca las cancelábamos. Firmamos un acuerdo para promover la ruta “Toda Agua” en los distintos puertos de Estados Unidos. En ese momento teníamos el 11% del negocio de la costa este americana. Al cabo de tres años, teníamos el 43%. El Canal viejo se ve idéntico, pero no es igual. Todo es nuevo. Desde 1998 se han invertido unos 3 mil millones de dólares en modificaciones.

Portada: ¿Cuándo sale usted de CUSA?

AaZ: Cuando me nominaron para ser administrador, CUSA ya tenía contratos con la Panama Canal Commission. Inclusive tenían un contrato andando… El Gobierno estadounidense me investigó antes de ratificarme y me dijo que debía poner el 15% de acciones que tenía en ese momento en CUSA en un fideicomiso sin derecho a voz ni voto. Pero yo les dije que Panamá era muy chico y que sería injusto poner esa presión sobre los oficiales de contrato del Canal, en caso de cualquier conflicto con CUSA como contratista si sabían que yo tenía acciones allí. Así que les dije que iba a gestionar una carta de la junta de accionistas de la constructora donde renunciaban a licitar cualquier trabajo con el Canal mientras yo fuese administrador. Vendo mis acciones a principios del 2005, porque fue mi decisión ser administrador del Canal, no de los accionistas de CUSA. Casi cinco años después CUSA decide unirse a Sacyr para participar en el consorcio. Para mí fue una barbaridad, pero yo no llevaba ninguna vela en ese entierro.

Las cinco entidades financieras internacionales me investigaron antes de otorgar los financiamientos. Y no tengo por qué renegar de los 25 años que trabajé en la empresa y de los cuales me siento muy orgulloso.

Portada: ¿Cómo fue lidiar con cuatro presidentes distintos?

AaZ: Con cinco, si contamos al de los Estados Unidos. Eso se hace entendiendo que cada presidente es diferente y haciéndole ver que todo es un mandato del pueblo panameño. La ACP tiene un modelo de gestión que precisamente fue hecha para alejarla de la política partidista. Y muchas veces hay que saber decirles no con un argumento sólido.
Portada: Sobre el conflicto en la Asamblea para aprobar el proyecto del puerto de Corozal…

AaZ: No veo por qué se tiene que llevar a la Asamblea si está en áreas operativas del Canal. La ley dice que el Canal “tiene patrimonio propio y derecho a administrarlo”… Buscaban equiparación fiscal, pero creo que el Canal tiene la autonomía para concesionar el puerto a un operario. Se paga por operarlo, pero el puerto es del Canal. O hay una empresa que está interesada en que no se construya nada o que se lo den a ellos, directamente. Están en ese juego, tienen un monopolio que no nos conviene.

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