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¿Atentado o accidente?

Cuando un personaje importante en la historia de un país desaparece trágicamente a bordo de un medio de transporte, sea de uso comercial o gubernamental, se desatan rumores, hipótesis y teorías sobre las causas del siniestro. La mañana del 31 de julio de 1981, el aparato Twin Otter que había partido de Penonomé hacia el asentamiento de Coclesito con Omar Torrijos y sus acompañantes, se estrelló contra la parte superior del cerro Marta. Desde entonces y hasta la actualidad, varios periodistas locales e internacionales, así como algunos familiares, amigos y allegados, han expresado sus sospechas de que hubo mano criminal en la muerte del General. Ello no es de extrañar si se considera que el aeroplano de Torrijos estaba en perfecto estado de mantenimiento y lo conducía uno de los mejores pilotos de la Fuerza Aérea Panameña, Azael Adames, más conocido como el Cholito Adames.

Una de las primeras acciones que emprendió el gobierno que me honraba en presidir en la infausta fecha citada, consistió en realizar una prolija investigación para averiguar si los hechos de Cerro Marta se habían producido como resultado de la comisión de algún delito.

No solamente participaron técnicos panameños en las averiguaciones tendientes a determinar si lo ocurrido se podía considerar como un accidente o un atentado, sino también reputados expertos forenses extranjeros que si mal no recuerdo procedían de Estados Unidos, Israel y Cuba.

Del resultado de las investigaciones, no logró acreditarse en manera alguna que el avión Twin Otter 205 de la Fuerza Aérea Panameña siniestrado hubiese sido objeto de un atentado causante de las fatales consecuencias que conmovieron al país. No se encontraron en el aparato señales de explosión de un artefacto pues si ello hubiese ocurrido se habrían encontrado rastros en la parte del fuselaje que se conservó. De las fotos que he tenido presente para la redacción de este escrito, resulta evidente que el avión llegó volando hasta la falda de la montaña contra la que se empotró y aunque tal colisión causó un incendio que carbonizó los cuerpos de los infortunados pasajeros, la estructura posterior del avión se mantuvo casi intacta.

De los informes preparados por los técnicos se deduce que el piloto, que se orientaba por los instrumentos del aeroplano dada la falta de visibilidad en el área montañosa en la que volaba, cometió un error de cálculo al momento en que el aparato se aproximaba al cerro Marta y el morro o nariz del avión se incrustó contra el mismo apenas a unos quince metros de su cima de mil treinta y seis metros de altura sobre el nivel del mar. El avión, que utilizaba como combustible el kerosene que es todavía más inflamable que la gasolina, se incendió casi íntegramente en su interior. En la parte trasera, cercana a la cola, quedaron visibles los números de la matrícula y los intensos colores patrios que portaba el 205.

Muchas hipótesis se han barajado alrededor del accidente del avión en el cual Torrijos se dirigía en un vuelo cuya duración aproximada era solamente de quince minutos en una ruta aérea muy conocida por sus pilotos. No obstante, está demostrado que la inmensa mayoría de los accidentes aéreos, aunque también terrestres y marítimos, se producen no por fallas mecánicas sino por errores humanos cometidos por pilotos con decenios de experiencia y muchos miles de millas de navegación aérea.

Recordamos los casos de Saint Exúpery, además de piloto, autor de El principito; Enrico Mattei, presidente del Ente Nacional de Hidrocarburos de Italia; Camilo Cienfuegos, compañero de Fidel Castro en la guerra contra Batista y del presidente Jaime Roldós de Ecuador cuyas desapariciones y siniestros aéreos desataron toda clase de especulaciones en las cuales se entremezclaron los conocimientos tecnológicos de aviación, pero también la política y el poder, la historia y la leyenda, la ficción y la realidad.

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