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‘El clientelismo nace en un estado fallido’

Por: Ana María Pinilla V.

Teresita Yániz de Arias no cree en imposibles y es una convencida de que para cambiar de manera profunda la sociedad en la que vive la participación en política es una vía obligada. También es necesario promover la garantía de los derechos de los ciudadanos. Armar un arco legal donde se respete la constitución es crucial, y eso hay que hacerlo a través de la participación política.
Después de trabajar muchos años desde una oenegé como FundaMujer, que sentó precedentes como una institución que daba servicios a las mujeres, no solo de asesoría legal, también de capacitación en el empleo de promoción humana, De Arias consideró que el paso a la vida política era un reclamo que sentía, lo que coincidiría también con el momento en que su esposo Ricardo Arias Calderón se retira de la política activa.

Panameña por decisión, considera que su mayor aporte fue la ley de paternidad responsable, porque garantiza los derechos de niños y niñas, a través de un mecanismo rápido, gratuito y al alcance de todas las mujeres al momento de dar a luz, para que sus hijos sean reconocidos y así garantizar sus derechos: patria potestad, pensión alimenticia, derechos a protección, vínculo y herencia. De cara a la crisis institucional que azota a la Asamblea Nacional, cuenta algunas de sus experiencias como legisladora a Portada. A pesar de estar retirada, defiende el proyecto de ley de licencia por paternidad.

Portada: ¿Cómo fue su salto hacia la vida política oficial?

TY: Fui con un propósito muy claro, yo quería revisar e ir armando una serie de leyes para garantizar el derecho de las mujeres, los niños y adolescentes. En ese sentido entre el año 1999 y 2004 presenté una serie de leyes de las cuales nueve son leyes de la República, mientras que otras no se aprobaron pero aportaron al debate nacional. Presenté en el 2002 la ley de paternidad responsable. Presenté para su discusión la ley de tráfico de material radioactivo peligroso por el Canal de Panamá. No se aprobó porque había una serie de interés detrás de ese tema, y ahora vemos que esos asuntos se vuelven a replantear.

Portada: ¿Con qué se encontró al llegar a la Asamblea Nacional?

TY: No es fácil participar de la vida política, ni dentro del partido, ni en cargos públicos y en la asamblea encuentras una serie de dificultades y de trabas que a muchos desconcierta. Recuerdo que había personas que me decían pasado un mes en la asamblea “yo no estoy hecho para esto” y algunas veces también lo pensé. Domplín, que era mi vecino de curul me decía: ‘Teresita, es que yo no sé qué es lo que yo hago aquí’.

Portada: Desde su experiencia, ¿cuál es el problema de origen en la Asamblea Nacional?

TY:Lo más grave que le ha pasado a la Asamblea Nacional es que se ha perdido completamente el verdadero rol del diputado, presentar leyes, hacerlas cumplir… como órgano supervisar, en cierta medida, a los otros dos órganos del Estado. Hay leyes, pero la asamblea no da seguimiento al cumplimiento de las mismas. Y esa es una labor del diputado, la modificación de leyes que se han vuelto obsoletas. Cuando el diputado pierde ese sentido laboral, por producir o revisar nueva legislación, comienza la debacle.

Portada: ¿Hoy hay una crisis por esto?

TY:Se ha ido a agravando desde hace veinte o veinticinco años. Si ves las características de las Asamblea de 1990 hasta hoy te das cuenta del deterioro de la institución, en parte por la llegada de personas que nunca debieron estar allí, que no tienen vocación, ni conocimiento. Y con esto no me refiero a los conocimientos universitarios… yo tuve colegas que no tenían formación académica, pero sí sentido común y una experiencia de vida que podía enriquecer cualquier discusión. No creo que la Asamblea deba estar constituida por una elite intelectual y política, sino por quienes tengan el compromiso honesto de hacer cumplir las normas que mejoran las condiciones de vida de un ciudadano.

Portada: ¿Hay algún hecho que cambió el mecanismo de trabajo en la Asamblea Nacional?

TY:Se le ha quitado la facultad de incluir proyectos en el presupuesto a la Asamblea Nacional, lo que se hacía antes de 1968… luego se inventan las partidas circuitales, cuyos inicios coinciden con el Gobierno de Ernesto Pérez Balladares, una forma de darle protagonismo al diputado en sus circuitos y también a ayudarlos a enfrentar problemas concretos que había en la sociedad, pero ese no era el camino. Porque ese rol pertenece a los representantes de corregimiento.

Portada: Pero a todos los diputados van a pedirle apoyo… ¿Usted que hacía?

TY:Llegué a tener un archivo completo en dos gavetas llamadas “las cartas al niño Dios”, y lo que yo hacía eran acuerdos con farmacias y funerarias para que le dieran lo que necesitaba a la persona, pero no el dinero, y te dabas cuenta que muchos eran necesidades reales y otras no.

Portada: Entonces, ¿el problema es del diputado o del ciudadano?

TY:En un Estado que funcione y en una administración moderna, una persona no debería ir a pedir un favor a un político, debería de existir la suficiente capacidad de las instituciones para resolver eso. Los municipios tienen fondos para atender entierros de personas cuyos deudos enfrentan limitaciones económicas. Una persona no debería ir con una receta a la Asamblea, porque el medicamento debe estar disponible en el centro de salud o en la Caja del Seguro Social. Ese sistema va creando las redes del clientelismo.

Portada: ¿Cómo describiría las partidas circuitales?

TY:Son un despilfarro porque al final no se atiende a todo el que necesita… son una fuente de corrupción. Y no solo llega del diputado, sino también de la sociedad cuando se acepta que se patrocine un equipo de fútbol o baseball, o cuando el comerciante te pregunta si quieres que la factura lleve una cifra mayor a la que corresponde.

Portada: Muchos responsabilizan solo a los diputados, ¿usted qué cree?

TY:Mucha gente es cómplice y el diputado está sometido a la presión de su circuito. A mi llegaron a pedirme apoyo económico para fiestas de graduación, reinados de colegios, fiestas de navidad de todas las iglesias y grupos sociales. Y muchas veces se multiplica por cien. Además, el manejo de la partida circuital se convierte en una pesadilla para un diputado honesto, hay que justificar todo en cuanto a las cotizaciones, las empresas y que todos los pasos se den en transparencia.

Portada: Existe una doble moral social respecto a esto, ¿por qué las iglesias piden dinero?

TY:A mis unas religiosas muy pobres me pidieron una vez que le eliminaran la cuenta de electricidad y yo le dije que no podía hacer eso. Conocí a una diputada que pintaba los edificios de unos apartamentos privados, y no era en barrios de extrema necesidad. Es toda una visión del clientelismo muy complicada y que abraza gran parte de la sociedad panameña, que provoca dependencia y hace que las instituciones no funcionen porque nadie se lo exige.

Portada: ¿Y qué piensa de las donaciones?

TY:A diferencia de las partidas circuitales, lo de las donaciones es de sinvergüenzas. Se asignan donaciones de dinero ajeno, sin justificar, sin una evaluación real de las necesidades.

Portada: ¿Pero cómo se rompe ese sistema?

TY:Es muy difícil porque solo algunos como Ana Matilde Gómez, Juan Carlos Arango y otros cuantos están dispuestos a despojarse de esas “funciones” que se le han dado al diputado, donde es más un promotor de deportes que un garante de las normas y desarrollo del país. Alguien debe pagar el costo político y decir: ¡se acabó!

Portada: La sociedad ya no cree en la Asamblea Nacional, ¿existen diputados honestos?

TY:¡Claro que sí lo hay! Hay muchas presiones. Recuerdo que en una ocasión recibí un proyecto de ley que venía de la sociedad civil en el que decidieron que yo tenía que presentar el proyecto sin leerlo y pasarlo tal cual y yo me negué. Sometí el documento al jefe de asesores de la Asamblea… él lo leyó y me dijo que el proyecto contenía 17 violaciones a la constitución, de diferente índole. Me negué a proponer una ley.

Portada: ¿Recuerda quiénes trabajaban con responsabilidad dentro del pleno?

TY:Siempre llegaban preparados y con elementos para aportar al debate: Rubén Arosemena, Laurentino Cortizo, Héctor Alemán, Pedro Miguel González, Olga Lina de Quijana, Susana Richa de Torrijos, Balbina Herrera, entre otros. Podíamos no estar de acuerdo, pero para eso es el parlamento, para debatir. Gran parte del problema de hoy es la calidad ética y de formación de quienes conforman la Asamblea Nacional y su equipo de trabajo.

Portada: Usted ha hecho propuestas de avanzada en materia de la mujer y la infancia, y que han causado escozor en algunos sectores religiosos. Siendo usted católica protestante, ¿recibió presiones de estos sectores?

TY:Conmigo ya no se atreven, el arzobispo José Dimas Cedeño trató y le fue muy mal. Durante la ley de ratificación del convenio para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, mandó a la Asamblea Nacional setentas cartas oponiéndose a la ratificación, pero a mí no se atrevió a mandarme nada. Todos tenemos derecho a estar en contra de una ley y hasta de decir disparates, es constitucional… pero lo que no puede ser es que el Estado permita que esos disparates impidan el desarrollo de la sociedad. Un grupo de personas no puede imponer a la mayoría criterios que no tienen ninguna base científica ni ética en la formulación de las políticas públicas. Esas presiones llegan no solo de las iglesias, sino también de los gremios y distintos grupos económicos.

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