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Crisol de Razas: Leyes y xenofobias históricas

Las políticas migratorias de Panamá no son respaldadas por toda la población. Tras la llegada de un gran número de extranjeros al país, el ‘Proceso de Regularización Migratoria Extraordinaria’ ha generado controversias en los últimos años.

Por Luis González González

OBRAS Y NATURALEZA

Puede pensarse que en otrora la historia nos recuerda sucesos quizá a la inversa, como la conquista española y sus huellas en los pueblos indígenas; pero vale la pena seguir adelante y dar un vistazo a los tiempos civilizados cuyas leyes suponen un orden racional para la vida.

En ese sentido, el Instituto Centroamericano de Estudios Sociales y Desarrollo (INCIDES) y la organización Sin Fronteras IAP, realizaron un Estudio Comparativo de la Legislación y Políticas Migratorias en Centroamérica, México y República Dominicana, el cual desglosa la evolución de la legislación migratoria en Panamá hasta hace unas décadas.

La investigación se introduce indicando que en Panamá “al ser el puente que une América del Sur con América del Norte, el elemento básico de la formación social y económica ha sido la explotación de esta ventaja que, al mismo tiempo, le asigna una función histórica en el tránsito de personas extranjeras y a la que se suma una migración de destino significativa en consideración a la población nativa y el territorio que ocupa, que le dotan de un grado considerable de tolerancia, aceptación y asimilación de personas extranjeras”.

Sin embargo, entrado el siglo XX, esta migración de tránsito y destino de personas extranjeras “está ligada indisolublemente con el proceso constitutivo de la nación y la construcción y explotación del Canal de Panamá y la Zona Libre de Colón, lo que a su vez generó el establecimiento de políticas restrictivas a la migración de determinados grupos nacionales que, en general, tenían una presencia importante en el país”.

LA FERIA DEL CANAL
Con la reapertura de la construcción del Canal, a cargo de Estados Unidos en 1904, la escasa población nativa trajo la necesidad de importar mano de obra extranjera, la mayoría de Barbados, Martinica, Trinidad y Guadalupe. “Se estima que llegaron poco más de 31,000 trabajadores provenientes de Las Antillas, 12,000 europeos, 2,000 migrantes de Centro y Sudamérica y una cantidad menor de hindúes, entre otros”, detalla la investigación.

Tampoco hicieron falta los chinos e, incluso aunque en menor números, los libaneses, sirios y turcos. Al terminar la obra muchos retornaron a sus países, otros se quedaron e insertaron en actividades económicas locales. No obstante, y si bien el Canal inició actividad en 1914, durante las tres primeras décadas del siglo XX distintos grupos migraron al país en diferentes periodos.

PRIMERAS LEYES SOBRE POLÍTICA MIGRATORIA
Esto generó las primeras leyes migratorias en Panamá, de hecho, un año antes de la inauguración del Canal. El 24 de marzo de 1913, la Ley 50 prohibió expresamente la migración china, turca, libanesa, siria y africana. Aunque la prohibición sería anulada en 1932 con otra ley, el ingrediente discriminatorio permanecería mediante decretos entre la población.

Claro que, antes de la anulación de la prohibición, hubo otros cambios en la ley migratoria del país. En 1928 se había restringido la cantidad de personas que podían entrar por año a solo 10 inmigrantes para las nacionalidades chinas, sirias, turcas y negras cuyo idioma original no fuera el español.

En 1931, la depresión y la crisis económica llevaron a restringir los inmigrantes de todo el mundo, argumentando que su ingreso lesionaba al obrero nacional y del extranjero que ya residía en Panamá (Decreto 43 del 27 de mayo de 1931). Esto causó prejuicios raciales y étnicos no solo para la raza negra, también libanesa y palestina.

Fue con la Constitución de 1941 que estas políticas migratoria pasan al plano constitucional en su Artículo 23: “La inmigración de extranjeros será reglamentada por ley […] son de inmigración prohibida: la raza negra cuyo idioma originario no sea el castellano, la raza amarilla y las razas originarias de la India, el Asia menor y el norte de África”. En 1946 se emite una nueva Constitución que elimina la discriminación precedida.

Según este estudio migratorio, a pesar de las leyes y restricciones (incluidas varias otras que por espacio no se incluyen en este este escrito) en el país no se pudo impedir la entrada de personas, por ejemplo, en la década de los 30, de Alemania, Europa central y oriental quienes huían de la persecución nazi.

Otras migraciones se dan entre 1970 a 1990, cuando se recibió como refugiados a ciudadanos de Nicaragua, El Salvador, Cuba y Colombia, así como de África y Europa Oriental. Hay que recordar que el periodo de la dictadura militar panameña (1968-1989) complicó el panorama y desde los 90 la inmigración volvió a tomar auge, reflejándose significativamente en los censos nacionales.

Tampoco se debe olvidar que uno de los grandes problemas de Panamá, por su posición geográfica y comercial, ha sido el tráfico ilegal de personas, un gran negocio que empezó a revelarse en 1990 con el tráfico de chinos. Pero al renacer la democracia panameña germinaron también los pequeños crisoles. Uno que fue muy sonado se dio en 1999 con el Decreto Ejecutivo No.34, el cual estableció medidas para legalizar a los nicaragüenses que ingresaron antes del 31 de diciembre de 1994, debido a los daños del Huracán Mitch en el país centroamericano.

¿EL ÚLTIMO BRILLO?
El último Crisol de Razas para la regularización del estatus migratorio de los extranjeros en Panamá cerró en octubre de este año, después de su nacimiento en el gobierno de Ricardo Martinelli. Su culminación ha sido una de las decisiones más polémicas de la recién estrenada gestión del presidente Juan Carlos Varela.

Las voces que se alzaron contra la continuidad de las ferias fueron incluso calificadas de xenofóbicas por quienes consideran que el país debe mantener sus puertas abiertas a los extranjeros de bien.

Para muchos de los nacionales esa bondad no es vista con buenos ojos por la cantidad de delitos en los que resultan detenidos extranjeros que ingresan para el mal, por un lado, y por otro, también se cree que las ferias, son eso, ferias que dan paso expedito a los extranjeros para que trabajen en el país, restando oportunidades de trabajo a los nacionales.

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