Sábado , Octubre 21 2017
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‘Café Madero’ se ha convertido en punto de encuentro para personalidades del mundo de la política, los negocios y de los medios de comunicación.

Crítica Culinaria: Café Madero

Por: Esther Arjona

En la ciudad de Panamá, son realmente privilegiados quienes se pueden sentar a disfrutar de un buen desayuno. Y es que con los tranques y la necesidad de aprovechar cada vez más el tiempo, no importa si en casa cocinan bien. Lo más probable es que haya que saltarse esa primera comida, fundamental para la salud, de acuerdo con nutricionistas y médicos.

Por ello, cuando me propusieron la visita a Café Madero y específicamente para referirme a sus desayunos, no pude más que alegrarme. Y no es que conociese el lugar, pero de boca en boca corre el rumor de que sus desayunos son muy buenos. Su ambiente, además, lo diferencia de la mayoría de las cafeterías que ofrecen desayunos en la ciudad y que no formen parte de un hotel. Café Madero ofrece un amplio y elegante salón principal con un ventanal que encuadra todo el verde del parque Harry Strunz en Obarrio. También cuenta con un par de privados y una terraza frontal.

Entonces, no es raro que personalidades del mundo de la política, los negocios e incluso los medios de comunicación hayan aprovechado este espacio para establecer un nuevo lugar de encuentro para reuniones y tertulias.
Un domingo es buen día para disfrutar de un desayuno extendido. Cité a mi acompañante a las 9:30 de la mañana. El café dispone de estacionamientos bajo techo, tal vez insuficientes para albergar los autos de todos sus comensales, pero muchos más de los que tienen la mayoría de establecimientos comerciales del área. Fuimos recibidas en la puerta e inmediatamente acomodadas en una mesa para dos, con vista al parque.

Dando paso a las prioridades, pedimos un café: capuccino para mí, negro para mi acompañante. En ambos casos, excelente sabor. Muy buen café. Nos dispusimos con calma a ojear el menú del desayuno, documento independiente del menú principal, el cual oportunamente regresaremos a degustar.

El índice nos promete una buena experiencia: apartados para pancakes y waffles, huevos, omelettes, tostadas francesas, desayunos clásicos, emparedados y “nuestras combinaciones”. Los pancakes y waffles se ofrecen sencillos, o acompañados, ya sea con jamón y queso gratinado o con tocino y un huevo frito.

Los huevos se presentan al gusto, servidos con tostadas, pero también está una opción de huevos fritos con chorizo, huevos rancheros y huevos revueltos con vegetales, queso y jamón o aguacate, todos con tostadas. Los amantes de los omelettes encontrarán ocho opciones, que van desde la sencilla hasta con jamón y queso, vegetales o tocino y mozarella, acompañados de tostadas.

Dos opciones de tostadas francesas abren paso a los desayunos clásicos, que incluyen el popular bistec encebollado o hígado encebollado, tamal, carimañolas, hojaldres y tortillas por órdenes, y la canasta típica, que viene con una carimañola, una tortilla y una hojaldre y frutas de la temporada.

En cuanto a emparedados, veintiún posibilidades garantizan la escogencia de uno especial. También está la posibilidad de agregar órdenes adicionales de queso o carnes.

Llegamos a la parte más emocionante del menú: las combinaciones. Especial, panameño, Café Madero, americano completo y el desayuno del chef. Son desayunos completos que eliminan la necesidad de un almuerzo.

Decidí ordenar una combinación para así tener la oportunidad de probar con variedad. Así, me decanté por el desayuno panameño, con bistec de res encebollado, una canasta típica, huevos al gusto (los pedí fritos con la yema muy suave) y un jugo que resultó ser de piña, muy refrescante y delicioso. El bistec estaba a buen término y realmente tierno. El encebollado, generoso. Los huevos fritos, justo como los solicité; y las frituras de la canasta, calientitas, crujientes y con muy buen sabor. Un desayuno como debe ser.

Mi acompañante, por su parte, pidió un omelette de jamón y queso. A la mesa llegaron unos huevos revueltos que no se rechazaron. Tenían muy buena pinta, suaves, en su punto, con cierta humedad, sin estar crudos. Las tostadas podían haber estado un poco más doradas.

Avanzadas las 11 de la mañana, empezaba a llegar la clientela en busca de un desayuno tardío, pero el salón es muy amplio, no llegó a verse copado. El ambiente es muy agradable. La decoración, sobria. Buena temperatura y música ambiental con volumen adecuado para conversaciones.

En cuanto a la atención, esmerada, pero se sentía un escaso dominio del menú. Las órdenes, por otra parte, demoraron un poco en llegar, pero no tanto como la cuenta. Eso sí, los precios, bastante aceptables, tomando en cuenta los estándares actuales. Una buena oportunidad para disfrutar de esa principal comida del día.

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