Domingo , Diciembre 17 2017
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En este acogedor espacio presenta su propuesta el chef Alonso De La Espriella, quien dejó muy buenos comentarios a su paso por el Hotel Manrey y La Trona.

Critica Culinaria: Casa Escondida

Por: Esther Arjona

Pese al llamado “boom” inmobiliario y, en gran parte, por la presión de los vecinos del barrio, en San Francisco todavía es posible encontrar casas sencillas, de una planta,que guardan el encanto de otros tiempos. En Calle 72, y rodeada de espacios gastronómicos de las más variadas propuestas, está ubicada Casa Escondida.

Escondida, porque no está a orilla de calle. La resguardan del ajetreo automovilístico unos árboles que facilitan dar la dirección (detrás del palo de mango) y un jardín muy verde que da paso a una casita blanca con una pequeña terraza. Adentro, la decoración es sencilla, con toques modernos que contrastan favorablemente con una casa de más de medio siglo. Destacan las paredes blancas, metal negro y mucha madera.

En este acogedor espacio presenta su propuesta el chef Alfonso De la Espriella, quien dejó muy buenos comentarios cuando se hizo cargo de la cocina de LT Signature, seleccionado por el propio Laurent Tourondel .
En esta ocasión el menú no es nada pretencioso, Como su eslogan lo establece, su carta está enfocada en “comida casual”.

Un salonero muy atento nos entregó la carta principal, contenida en dos hojas, y la carta de las bebidas que incluye el vino, cervezas artesanales y algunos interesantes cocteles. Empezamos con un “Macarena”, con ron añejo y piña y una refrescante “Sandía del huerto”, mezclada con ginebra. La espera de las entradas se nos hizo más entretenida.

Unos hongos salteados en aceite de oliva, uno de dos especiales del día, me parecieron lo más adecuado para abrir el apetito. Resultaron estar en su punto: buena temperatura, firmes, suficientes para compartir. Mi acompañante se decantó por unos tacos de chicharrón, tan crujientes, que se escuchaban desde el otro lado de la mesa. Sus sabores muy balanceados, aunque yo hubiese querido que sumaran uno más a la orden de dos.

Entre las entradas disponibles en la carta están las croquetas de colita de res, unos “steamed buns” con panza de cerdo, la ensalada asiática, el tartar de atún cola amarilla y unas hamburguesitas de la casa.
Como plato fuerte, la falta de almejas persuadió a mi acompañante de pedir la pasta, finalmente decidiéndose por el atún criollo con “rub” de la casa, curry, culantro, paprika y orégano sobre una cama de puré de zapallo. El atún, muy fresco, cocido a la perfección; el curry, sutil, sin robar protagonismo a los demás ingredientes.

Mi apetito pedía un trozo de carne y lo sacié con una entraña “angus” con mantequilla de romero. Muy suave, perfectamente cocida en un término medio. Para acompañarlas, una orden de papas fritas con trufa y romero muy crujientes y que no decepcionaron. Una copa de Apothic red, blend californiano de sinfandel, merlot y syrah completaron la noche.

La elección del plato fuerte fue un poco más complicada. La carta es limitada y, además de una opción vegetariana (hamburguesa de falafel), incluye pescado, res, cerdo (codillo) y cordero.

El toque final, una torta de “ganache”, elaborada con chocolate amargo al 62% y servida con helado casero de vainilla y lavanda. Aunque espectacular, nos dejó una gran interrogante: ¿habrá sido esta una mejor opción que el banana butterscotch cake o la panacota de queso de cabra? Habrá que regresar para saberlo.

Y no será difícil hacerlo. Casa Escondida es un espacio que invita a la espontaneidad, ofrece platos dignos de cualquier velada, ya sea relajada o muy elegante, ejecutados de forma correcta, resaltando los sabores y las texturas de cada uno de sus ingredientes.

En cuanto a la atención, aunque un poquito lenta –el restaurante atendió un evento que comprometió el salón completo-, fue muy atenta e incluyó una visita del chef. Además, nos dio la oportunidad de disfrutar de una noche muy fresca en su acogedora terraza que, acercándose la estación seca, no dudamos crecerá.

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