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Subdirector del INAC. Desde el 2009 es director de la editorial de la Universidad Especializada de las Américas (UDELAS). Premio Nacional de Literatura ‘Ricardo Miró’ de poesía en cinco ocasiones: 1972, 1983, 1996, 2002 y 2012. Premio Casa de las Américas (1975) de poesía, con la obra ‘Dar la Cara’.

¿Desconcertados?

Por: Manuel Orestes Nieto

Los Acuerdos de la Concertación Nacional para el Desarrollo llevan engavetados, como cruel letra muerta, casi diez años. Se entendería que al poner en marcha el brutal enriquecimiento mafioso de Ricardo Martinelli se les echara tierra porque no le servían para producir alguna hemorragia jugosa al erario público; simplemente, porque no eran un negocio. Aún así, no cerró la Secretaria de la Concertación, la congeló, con gente y salarios poderosos dentro. Durante cinco años quedó sumergida en la nada, retorcidos los objetivos de desarrollo que inspiraron la iniciativa y que se lograron plasmar en una hoja de ruta de ejecución.

Era de esperar que después del insensible crimen del régimen depredador y antisocial, se desempolvarían los acuerdos pactados y se trataría de recuperar el tiempo perdido, máxime cuando llega a la Vicepresidencia quien fue, precisamente, la Directora en el Equipo Facilitador de la Concertación.

El proceso de Concertación Nacional, fue, sin duda, un ejercicio lúcido de reflexión colectiva y plural, debate, análisis, propuestas, consulta y precisión de objetivos para transitar hacia el desarrollo y la construcción de una sociedad con mucho mayor equidad. Fue muchísimo más que un propósito o una retórica vacía. Con representatividad legítima de la sociedad organizada, regiones, comarcas, intelectuales, partidos políticos, gremios de empresarios y trabajadores, se logra concertar un camino hasta el año 2025, para librar, en esencia, una batalla por una sociedad más justa, menos desigual, en paz y con convergencias de pensamientos diversos.

A la luz de la nueva realidad de un Canal ya panameño y en los inicios de la ampliación de la ruta interoceánica -en 2007- era legítimo identificar las prioridades sociales impostergables para ir superando los males que genera la pobreza, bajo la premisa de que recursos económicos directos del Canal de Panamá se destinarían sostenida y progresivamente a esa tarea nacional. Así quedó establecido por cientos de participantes del proceso que duró más de medio año y de otros miles más que fueron consultados. De las ganancias canaleras producidas durante el período 2007 hasta el 2025, se canalizarían trece mil millones de dólares hacia programas de carácter social, teniendo como punto de referencia, un 35% de los aportes totales que el Canal entrega anualmente.

Así quedó articulado un instrumento concertado de gran escala para la lucha contra la pobreza y la pobreza extrema e ir pavimentando carreteras -con sensatez y transparencia- hacia el desarrollo, más allá de tiempos electorales, trascendiendo gobiernos, incluso de signos ideológicos o doctrinales distintos. Era una cita de la nación en los umbrales del siglo XXI para ponerse de acuerdo y colaborar en construir país. Era lo que correspondía hacer después de la superación del trauma colonial y el éxito histórico por la soberanía, la integración del territorio nacional y las reversiones de las áreas aledañas al Canal y el Canal mismo.

Pero semejante empeño fue convertido en el fiasco de un mal sueño. Los desbarajustes de Ricardo Martinelli, hacen que la Concertación Nacional para el Desarrollo sufra la metamorfosis de una quimera en el olvido o, simplemente, la degolló. Ni un sólo centavo se canalizó desde los ingresos canaleros para este específico programa de la Concertación; la ACP siguió su vida como si el tema no fuese suyo y lidió sus complicaciones con la ampliación, se inauguró con tardanza el Tercer Juego de Esclusas y se apelotonaron demandas de los constructores que, al final, superan los gastos incurridos en la construcción y aún no se conoce el desenlace de si la ACP pagará o no y cuánto.
Ante el increíble escenario de descomposición institucional, donde vuelan como cuervos miles de millones desaparecidos en una turbulenta y frenética dilapidación de fondos públicos, obras con sobrecostos, coimas, robos directos, el clientelismo, la politiquería en su apogeo, las partidas circuitales, los PAN, venta de llantas, comida basura de cristal, jamones y las grotescas burlas de diputados soeces, contratos multimillonarios directos y con nombres, quebrada la confianza de los ciudadanos, resulta pasmoso que lo pactado por la sociedad, con participación ciudadana como pocas veces se ha visto, haya quedado sólo en una calistenia.

Permitir pasivamente que se desechara la iniciativa de darle el mayor uso colectivo posible a la conquista del Canal, es una vergüenza que todos cargamos y toleramos. ¿Y todos los que firmaron en su propio nombre y el de sus organizaciones, qué piensan? Lo que se cae de su peso es que fue una burla social porque implicaba actuar frente a los daños producidos por la exclusión, el inadecuado sistema de salud pública y un modelo educativo fracturado hasta sus cimientos. Ahora, el país desvertebrado, con severas interrogantes sobre su destino, esquilmado, lleno de máscaras y demasiadas mentiras públicas, está en su encrucijada y en el borde de una caída libre al abismo. La realidad indicará si será la impunidad quien gane la partida, si se pasará la horrenda página de la corrupción, el ocultamiento de los delitos y las complicidades.

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