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Dime algo sobre Bernie Sanders

Por: pedro rivera

El 11 de abril de 2016 Bernie Sanders, candidato por el partido demócrata a la presidencia del país más poderoso de la Tierra, participó en el piqueteo que hicieron obreros huelguistas al consorcio Verizon. Esto ocurrió en el mero mero Times Square de Nueva York.

Parece una pendejada, pero no lo es. En esa tribuna, en un vocabulario inusual, Sanders dijo, entre otras cosas: “De parte de cada obrero en América, en nombre de todos aquellos que sufren las mismas presiones, les doy las gracias por lo que están haciendo. ¡Venceremos!”

¿Qué pata puso ese huevo?

¿Y qué era lo que estaban haciendo los trabajadores? Nada del otro mundo: una huelga del tipo Suntracs para obligar a la megaempresa de telecomunicaciones a suscribir un convenio colectivo.

Desde acá, visto a la distancia, uno se pregunta si el tío en cuestión es un oportunista. ¿O loco? ¿O demagogo desaforado? ¿O pescador de quimeras? ¿Una rareza ontológica? ¿O biológica tal vez? ¿Clientelista al estilo panameño? ¿Otro chantajista del sistema? ¿La crónica anunciada del parto de los montes?

¿Qué necesidad tiene un político estadunidense exitoso de echarse encima la manta del “anti-establishment”, cuando otras banderas posiblemente más rentables y acomodaticias, más avenidas a su vejez, a su abuelazón, están al alcance de las manos?

¿Qué razones hay para que Bernie Sanders emplee un lenguaje estigmatido, una jerga incompatible con la imbricada casi genéticamente en la sociedad estadunidense? Y qué raro es que nadie haya pedido que lo metan en la cárcel habida cuenta de que a estas alturas la palabra socialismo todavía tiene sabor a caca en sectores de mucha influencia en Estados Unidos. Tanto o más que en Panamá.

Algo raro está pasando en Estados Unidos. Y todavía la gente no lo percibe.

¿Sanders también sueña?

Lo de Sanders respecto a su empatía con los trabajadores es de vieja data. Desde tiempos atrás los pobres son su prioridad. No por otra cosa su candidatura por el partido demócrata tiene el apoyo incondicional del gran sindicato de los transportistas de Nueva York (Transit Workers Union-Local 100). Lo apoyan en proporción de 42 a 1. Este sindicato está integrado en su mayoría por afroamericanos y latinos. En un espacio como éste es imposible enumerar la cantidad de organizaciones sindicales, estudiantiles, feministas, afroamericanas, ambientalistas afiliados al Labor for Bernie Sanders (trabajo para Bernie Sanders).

Sanders es un luchador social nada improvisado. No llegó a ser lo que es hoy de la noche a la mañana. Nació en Brooklyn. Creció en Brooklyn. Estudió en Brooklyn. Militó en la Liga Socialista de la Juventud y en el Comité estudiantil contra la violencia y la discriminación racial. Es defensor a ultranza de los derechos humanos.

El 28 de agosto de 1963, a sus 22 años participó en la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad. En medio de la multitud congregada alrededor de la escalinata del monumento a Lincoln escuchó a Martín Luther King lanzar su grito de guerra: “Yo tengo un sueño”.

El Estado regulador

Sin duda posee una visión estructurada de las injusticias y desigualdades sociales del sistema capitalista en su fase neoliberal, tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo. Lo suyo es una mezcla de realismo, utopía y pragmática: un universo personal de verdades, ilusiones y voluntarismo.

El marxismo podría ser un referente furtivo de su visión. Pero sin duda Sanders está ideológicamente mucho más cerca de Ferdinand Lasalle que de Marx. La abolición de las clases sociales no estaría nunca dentro de sus planes. Su posición es la de menos laissez faire y más control del Estado en los asuntos de la economía y la producción con el fin de “proteger a los más débiles del más fuerte”. Hasta allí: Una propuesta ideal, atractiva y potable hasta para países como Estados Unidos en la actual coyuntura histórica, similar a la que ensayan algunas democracias de América del Sur.

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¿Qué propone Sanders a los electores de Estados Unidos? Cito: “educación superior gratuita, sanidad pública universal, lucha contra el cambio climático, reforma migratoria y del sistema judicial, vacaciones y bajas de maternidad pagadas para los trabajadores, fin de las contribuciones de las corporaciones a las campañas políticas, mayor control de Wall Street y sus bancos, fin de las rebajas fiscales para los ricos”. Se trata del programa adoptado por los actuales gobiernos de Bolivia, Brasil, Ecuador y otros países de la región, ajustado a sus particularidades internas.

Bernie Sanders no tiene ninguna chance de ganar la presidencia de Estados Unidos. Sería, de suceder, un fenómeno antinatura. Significaría que los gringos perdieron la chaveta antes de que les llegara la hora.

Un marxista ortodoxo diría que las condiciones objetivas para cambiar el modelo de sistema de vida en Estados Unidos todavía no están dadas, pero están por darse. No ocurre así con las condiciones subjetivas debido el peso específico que juegan los poderes mediáticos en la construcción de una conciencia colectiva, entrampada como se sabe en la telerrealidad del “sueño americano”.

Tiempo de bifurcación

Pero lo cierto es que Sanders es la puntica del iceberg de una bifurcación histórica antisistémica que avanza con viento en popa en la nao de la globalización. Cuatro factores influirán en este cambio en las neuronas colectivas de la sociedad estadounidense: la pobreza y pobreza extrema generadas sin remedio por el neoliberalismo en su propio patio, la exportación de ideologías socializantes a través de las migracio-nes que avanzan de la periferia al centro, el despertar del tradicional pacifismo del pueblo estadunidense (siempre y cuando no reediten el síndrome de Pearl Harbor) y la democratización de las ideas en las redes sociales.

En diciembre de 1977 unos 55 cubanos entre 20 y 25 años, organizados en la Brigada Antonio Maceo, retornaron a Cuba con el propósito de apoyar a la revolución cubana, en desobediencia a sus progenitores. Castro los despidió en el aeropuerto José Martí. Señalando con el índice en dirección de la Florida, en su particular estilo dijo: “Hemos crecido, ya estamos allá”.

Sanders, ¿el virus?

Lo que describo es un potencial punto de inflexión en la historia de la humanidad. Algo que puede o no ser. Una probabilidad a mediano plazo. La lógica indica que el neoliberalismo también lleva en su seno el germen de su propia destrucción. Bernie Sanders podría ser la manifestación adelantada de ese virus en Estados Unidos.

No olvidemos que la olla del caos (el caos visto como categoría científica) está en un alto grado de ebullición. Y como decía Buck Canel en la cabalgata deportiva Gillette a mediados del siglo pasado, en jerga típicamente beisbolera: “no se vayan, esto se pone bueno, todo puede pasar”.

No hay que olvidar que las migraciones de las colonias esclavizadas cambiaron la religión a los romanos. Les cambiaron hasta la manera de caminar. No digamos las de pensar. Por eso nunca está de más recordar que “el aleteo de una mariposa en Beijín provoca un terremoto en California”.

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