Viernes , Mayo 26 2017
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Entre el Legislativo y el Judicial, existe una especie de acuerdo no escrito, que evita que se investiguen entre sí.

Editorial: El que reparte los panes decide quién come primero

Lo que ocurre hoy en la Asamblea Nacional es vergonzoso, pero más vergonzoso aún es que los otros dos poderes del Estado actúen en armónica colaboración para que la corrupción, la impunidad y el uso indebido de dineros públicos sostengan un andamiaje de despropósitos.

Solo basta revisar el discurso de cierre de campaña del actual inquilino de “Las Garzas” para entender que lo que ocurre en el país es diametralmente opuesto a lo que se nos prometió aquella noche en la Vía España. En materia de transparencia, hemos avanzado muy poco, por no decir nada, y la Asamblea Nacional de diputados es un buen ejemplo de ello.

Peor aún. Entre el Legislativo y el Judicial, existe una especie de acuerdo no escrito -por lo menos de manera pública- en el que se condiciona que “entre bomberos no se pisan las mangueras” y de allí que no ocurra nada cada vez que hay alguna denuncia pública contra algún magistrado o diputado. De esto hay sobrados ejemplos.
En la negación de ese pacto hay quienes señalan el juicio de hace unos años en el que se condenó al magistrado Alejandro Moncada Luna a cinco años de presidio, tras confesar que estuvo involucrado en casos de corrupción. Como quien dice, “del lobo, un pelo”.

La manera como se escoge a los miembros del órgano que se supone el más popular, la permanente carrera por la reelección de sus miembros -lo que alimenta un clientelismo exacerbado- y el patrocinio de esas prácticas nocivas por parte del “dueño del presupuesto” a cambio de lealtades condicionadas, son cosas que debieran ser amputadas de nuestro sistema político.

En materia de educación y salud, lo que se discute en ese pleno de la 5 de Mayo es muy pobre. En la agenda legislativa privan los intereses personales, partidarios y empresariales. Detrás de un anteproyecto de ley que crea el “día de la luciérnaga coja” aparecen artículos que cambian la vida de un montón de personas y ni siquiera se toman el trabajo de explicarlos. Tras el cabildeo funciona la aplanadora oficialista y lo que resta es “ir a llorar al cementerio”.

La cuestionada ley de contrataciones públicas sigue estando pendiente de cambios importantes. Lo mismo ocurre con la de educación sexual y qué decir de la discusión de una constituyente que tanto se nos prometió y que tanto necesitamos.

Se escucha por ahí que los pueblos tienen a los gobernantes que se merecen. ¿Tan mal estamos que nos merecemos esto?

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