Martes , Diciembre 12 2017
Inicio / EdicionImpresa / Educación: La verdadera puerta

Educación: La verdadera puerta

Por: Manuel Orestes Nieto

Como un ritual conocido que se repite cada año, se inician los períodos escolares y vemos las mismas imágenes en televisión, la dura realidad de decenas de miles de estudiantes y sus maltrechas escuelas públicas, espeluznantes sitios que se dicen son escuelas ranchos, baños sanitarios en un estado atroz; entrevistas penosas sobre los costos de los uniformes, libros y mucha crítica y genuino malestar, la explicaciones burocráticas de siempre y la pelota saltando por todos lados menos por una solución concreta a la necesidad educativa del país. Y en años recientes, el agravante de terrenos increíbles como la fiesta con la comida deshidratada, las mochilas o una pandilla de funcionarios corruptos en plena faena de sustracción de fondos del Estado.

No pasará mucho tiempo y aparecerán otra vez las posiciones magisteriales y desaparecerán los ímpetus del Ministerio que pasa a la defensiva y a dar explicaciones de lo inexplicable. Si es demasiado pesada la confrontación se llega a la huelga -como la que recientemente vivimos- donde más imágenes televisivas muestran una especie de forcejeo entre gremios docentes, padres de familia, miembros del gabinete, palabras altisonantes, inflexibilidad y argumentos empobrecidos de lado y lado. La crisis culmina casi siempre con acuerdos y volver a dar clases, y en el eco distante se dice algo tibio sobre mejorar la calidad educativa. Más bien parece que pasamos la página rápido de una crisis y listo. La maraña resuelta a medias sin resolverse realmente nada. Así no deben ser los países. Quitar el detonador de granadas de fragmentación no resuelve el problema de fondo de la sociedad y menos el de la educación, que como todos sabemos no reciben los niños y jóvenes de nuestro país como corresponde. Que el escenario educativo es deficiente a rabiar y nos estamos hundiendo cada año que pasa en la incertidumbre de una nación sin el futuro asegurado.

El centro de la discusión, hasta ahora esquivado, es si Panamá logrará tener o no un sistema educativo nuevo, ajustado a los tiempos, integral, humanista, especializado en las profesiones que contribuyan a una sociedad sana y justa, con equidad, que se dirija al desarrollo y a la realización humana de las generaciones en proceso de adquirir saberes, destrezas y cultura; certeza de cual país viven; no ser robots ni serviles; realizarse como individuos y adelantar la patria común.

Los diagnósticos, las estadísticas, las comisiones de estudios, todo ello ya se sabe y esta deuda social educativa se conoce bien; en ocasiones se ha proyectado con talento de muchos. Nadie le regatea a un educador un salario acorde con su profesión; todos entendemos que el sistema obsoleto debe ser evacuado, que creemos en la tecnología y sus vínculos con la educación, que los nuevos lenguajes de trasmisión del saber no deben ser negados al estudiante, que es inevitable la transición entre los viejos modelos de enseñanza y las contemporáneas herramientas del presente.

Muchos recordamos, como algo serio que se volvió fatuo, estéril y se desinfló, el capítulo sobre educación de aquel ejercicio llamado de la Concertación Nacional para el Desarrollo. En forma ladina se engavetó y con ello se cerraron opciones, caminos y decisiones urgentes para instalar el nuevo sistema educativo nacional. Lo que se firmó y de alguna manera concertó el país, a través de decenas de organizaciones de la sociedad, quedó en letra muerta y bastante telaraña encima. Lo curioso es que a nadie en Panamá pareció importarle, como si ello no hubiese existido. Lo mismo pasó y pasa con el otro gran tema de dicha Concertación que es la salud y el conjunto de ideas y propuestas válidas allí contenidas, donde la integración -con reingeniería profunda- podría producir salud para todos y no jugar con la plata del pueblo y menos robársela.

El nuevo sistema educativo, el sistema nacional de salud, el acceso a estos derechos fundamentales son objetivos que están aún pendientes y dilatados inhumanamente.

Todos somos responsables, empezando por el hecho de que nos hacemos los vivos, los más habilidosos. Panamá no va a ser un país de ningún primer mundo -dicho sea de paso, una frase ya hueca- si no logramos ser una nación educada, culta, sana, con memoria e identidad. Los “candidatos” ofertarán lo que da votos, la educación parece que no está en su prioridad electoral. Algo demagógico dirán, pero la caja registradora y el aula son cosas distintas.

Tengan cuidado -ya sea en elecciones y luego en el poder- porque parece que en esta vuelta de la tuerca si no hay educación este país se irá al abismo. O diría más, que ya estamos en el borde del precipicio.

Subdirector del INAC. Desde el 2009 es director de la editorial de la Universidad Especializada de las Américas (UDELAS). Premio Nacional de Literatura ‘Ricardo Miró’ de poesía en cinco ocasiones: 1972, 1983, 1996, 2002 y 2012. Premio Casa de las Américas (1975) de poesía, con la obra ‘Dar la Cara’.

Tambien revisa...

Visión estratégica en las relaciones con China

Por: Roberto Montañez “Dejad que el Dragón duerma, porque cuando se despierte, el mundo se ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resolver : *
4 + 26 =