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El dilema se mantiene para los varios cientos de migrantes cubanos que quedaron varados en Panamá tras el anuncio del fin de la política de ‘pies mojados, pies secos’. Ahora enfrentan la posibilidad de ser deportados.

Éxodo cubano, ilusión diluida

Por: Luis Alberto Sierra

“Las malas noticias corren como la pólvora”, reza el refrán. Así recibieron muchos migrantes cubanos en tránsito la decisión -en uno de los últimos actos de Barack Obama como presidente de Estados Unidos- de dar un giro de 180 grados y dejar sin vigencia la política de “pies mojados, pies secos”, que permitía a cualquier migrante cubano que llegara a territorio estadounidense quedarse y obtener residencia legal en ese país.

Fue un cambio histórico a una política que el país norteamericano mantenía desde la Guerra Fría y que el entonces gobernante estadounidense saliente justificó, al señalar en un comunicado que Estados Unidos estaba dando “pasos importantes para avanzar hacia la normalización de relaciones con Cuba y darle una mayor consistencia a su política migratoria”. Esto en el marco del proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países.

El “shock” que significó este cambio para muchos de los habitantes de la isla que habían renunciado a su trabajo y hasta vendido su casa para iniciar esta riesgosa aventura por una nueva vida, tocó también a los migrantes cubanos que habían llegado a Panamá o que estaban en tránsito hacia Estados Unidos, y que quedaron varados al saber que no iban a poder alcanzar su objetivo. Algunos de ellos prefieren no volver a Cuba y esperan se abra una ventana legal que les permita quedarse y cumplir su sueño, aunque no sea ese el sueño original que imaginaron al iniciar su travesía.

A través del Tapón

La oleada de inmigrantes le ha generado también desafíos a las autoridades panameñas, dado que el flujo de cubanos se había incrementado de manera importante el año pasado, en comparación con 2015 .

Los migrantes, cerca de cincuenta en enero pasado, algunos ubicados en el albergue de la Pastoral Social Cáritas de la Iglesia católica en la capital panameña, más los que estaban en otros en lugares del país, como en la selvática provincia de Darién, recibieron como “un baldado de agua fría” el cambio que significaba el fin de tajo de su “sueño americano” tras el riesgo que habían tomado, y sin poder ocultar en sus rostros las huellas físicas por el sacrificio que habían hecho al caminar, por ejemplo, durante días por la selva darienita y exponerse a enfermedades y otras vicisitudes, en una aventura por varios países.

Entre las reacciones iniciales de estos migrantes, mientras sus familiares o amigos que los apoyan en Estados Unidos o desde Cuba u otros lugares intentaban alentarlos por teléfono u otros medios, estuvo la de quienes, simplemente, se resignaron a no poder seguir el viaje, o la de los que cifraron sus esperanza en un eventual cambio en la política hacia los cubanos con la llegada al Gobierno del presidente electo Donald Trump, quien en campaña por la Casa Blanca había dado señales del endurecimiento de esta política y no de su flexibilización.

No faltó el punto de vista de quienes se sintieron traicionados por Obama, que visitó la isla en marzo del año pasado y de quien, recordaron, había dicho que la segunda patria de los cubanos era Estados Unidos y que siempre los apoyaría; o el de los que no descartaron quedarse en Panamá como una opción.

En una primera reacción tras conocerse la decisión de eliminar la política de “pies mojados, pies secos”, el director general del Servicio Nacional de Migración (SNM) de Panamá, Javier Carrillo, reconoció en Telemetro que era difícil para los migrantes cubanos varados en Panamá -entonces alrededor de 150- obtener una residencia, porque habían ingresado ilegalmente a territorio istmeño, y se refirió a la posibilidad de la firma de un convenio entre los gobiernos de Panamá y Cuba sobre el tema de las deportaciones.

Promesas y realidades

Pero varios de los cubanos que permanecían en el albergue de la Pastoral Social Cáritas, en las inmediaciones del Cerro Ancón -doscientos cincuenta y cuatro, según información proporcionada por representantes del Ministerio de Salud panameño hacia fines de febrero de este año-, dijeron a Portada haber sido informados en ese lugar sobre la posibilidad de obtener un permiso de permanencia por un año, y que les permitiría trabajar y quizás, más adelante, optar por un estatus y quedarse, en el caso de personas sin antecedentes y que puedan aplicar y contribuir, sin afectar o quitarle el trabajo a los locales.

Consultado por Portada al respecto, el SNM informó el pasado 24 de febrero que en las dos últimas semanas deportó a veinticuatro cubanos, y que “los cubanos indocumentados en Panamá son como cualquier otro indocumentado; es decir, se les aplica la Ley migratoria”. La institución señaló que el comisionado Javier Carrillo, director general del SNM, viajaría a Cuba el 27 de febrero para firmar un convenio que facilitara las deportaciones de los cubanos que se encuentran en Panamá.

Se agregó que, por el momento, lo que se aplica es la Ley migratoria y -que- a los cubanos que se detecte en el país de manera irregular se les deportará, como en efecto se está haciendo. También se señaló que los que están en los albergues de Cáritas permanecían ahí por tratarse de una entidad cercana a la Iglesia, “pero -que- la situación de esos cubanos es la misma (de irregulares)”.

Luego se indicó que el memorando de entendimiento para la deportación de cubanos que se encuentren de manera irregular en Panamá fue firmado el pasado primero de marzo en La Habana por Carillo y por Ernesto Soberón, director de Asuntos Consulares del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba; y durante la celebración de la IV Ronda de Conversaciones Migratorias entre los dos países.

En un comunicado, el SNM informó que con la firma del memorándum, ambas naciones buscan contribuir y garantizar un flujo migratorio regular, ordenado y seguro entre ambas partes e incrementar la cooperación bilateral en la lucha contra el tráfico ilegal de migrantes y la trata de personas. Trascendió que al momento de la firma se mantenían en Panamá trescientos ochenta y tres cubanos en Cáritas, noventa y dos en Lajas Blancas y veinticuatro en un albergue del SNM.

También se recordó que se mantuvieron las negociaciones del convenio desde septiembre pasado, cuando se llevó a cabo una reunión similar entre ambos países. Portada intentó obtener el punto de vista del diácono Víctor Berrío, de la Pastoral Social Cáritas, para conocer si se había logrado algún acuerdo. En unas declaraciones difundidas por RPC Radio, señaló que ‘el presidente había dicho que una de las opciones para los cubanos era una legalización temporal”, lo que está siendo considerado para los isleños que permanecen en Cáritas.

Ante una consulta sobre el tema, el Ministerio de Relaciones Exteriores panameño respondió que “Panamá busca contribuir y garantizar el flujo migratorio regular, ordenado y seguro, e incrementar la cooperación bilateral en la lucha contra el tráfico ilegal de migrantes y la trata de personas”.

Pero en opinión de buena parte de estos migrantes, “este es un viaje sin regreso”, porque no salieron de Cuba “solo para conocer otros países”, y Panamá es un buen lugar en el que podrían estar y cumplir también su sueño, aunque no es el “sueño americano” que inicialmente atesoraron.

Perspectivas de cambio

Semanas después del giro en la política migratoria del país norteamericano, el ánimo para los cubanos en el albergue de la Pastoral Social Cáritas parecía mejor, aunque ese no era el único cambio, ya que su número se había elevado de alrededor de cincuenta en enero a más de doscientos cincuenta (cerca de terminar febrero), incluyendo a migrantes que llegaron luego del anuncio de la eliminación de la política que le daba mejores posibilidades de legalizarse a los inmigrantes cubanos que pisaban territorio estadounidense, y que escucharon el rumor de que Panamá era un buen lugar para estar y esperar. La cifra de doscientos cincuenta y cuatro se había mantenido por varias semanas, según la información de las autoridades de salud panameñas. Varios de ellos agradecieron la atención que les ha dado el Gobierno.

Otra novedad es que estaba instalado frente a la puerta del albergue un puesto del Ministerio de Salud de Panamá, que incluso había sido visitado ese día el titular de la cartera, Miguel Mayo, preocupado por la cantidad de personas que había en el lugar, algunas de ellas en carpas, y en una situación que hizo necesario alquilar sanitarios y mejorar el manejo de la basura, frente a quejas además de los vecinos.

Evelio Gaona, supervisor de Control de Vectores de la Región Metropolitana de Salud en la ciudad de Panamá, explicó a Portada que las autoridades de salud hicieron en el albergue primero una prueba a tres personas con fiebre, que resultaron positivo por malaria. Indicó que se hizo también una evaluación a otras personas que tenían, por ejemplo, ulceraciones de la piel para descartar fiebre, chikunguña o zika, y que se hizo la limpieza del área y del perímetro.

El funcionario detalló que se estaba en la fase de vigilancia y control, lo que incluirá la toma de una muestra a los quince días y al mes, y un monitoreo por ocho meses para descartar que las personas que resultaron positivo por malaria no experimentaran una recaída.

Agregó que estaba pendiente de muestra un grupo de noventa y tres personas, de las doscientos cincuenta y cuatro que estaban registradas.

De acuerdo con una fuente del SNM, el convenio sobre las deportaciones entra en vigor a los sesentas días naturales siguientes, una vez cumplidos los procedimientos constitucionales internos establecidos por la legislación de cada una de las partes involucradas.

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