Domingo , Abril 22 2018
Inicio / EdicionImpresa / Exposición fotográfica ‘Amador’

Exposición fotográfica ‘Amador’

En su más reciente muestra, el fotógrafo Ricardo López Arias reinterpreta a la Calzada, un ámbito que se debate entre la tierra y el mar, entre un pasado militar y un presente como sitio turístico y de desarrollo comercial e inmobiliario.

Por: Leandro Soto

En el Centro Cultural de España, mejor conocido como “Casa del Soldado”, se puede asistir hasta el 13 de noviembre a una exposición fotográfica titulada “Amador” en la cual se confirma, una vez más, el hecho de que el arte de la fotografía puede ser simultáneamente testimonio -a manera de documentación histórica-, concepto y composición visual. Realizada por el fotógrafo panameño Ricardo López Arias en el marco de Fotoseptiembre 2016, la muestra está curada por Adrienne Samos quien, si observamos detenidamente, participa creativamente en la misma manera en que las obras se despliegan frente al público en el espacio blanco e irregular de la galería.

Como observadores, podemos aproximarnos a la muestra desde un solo punto del triángulo formado por el acto de ser simultáneamente documentación histórica, concepto y libre composición abstracta. Al interpretar y asimilar lo que observamos desde un ángulo, no se invalidan los otros dos puntos restantes frente a nosotros. Podemos seleccionar el que nos importe, nos diga o nos toque directamente y que esté de acuerdo a nuestro quehacer vivencial. El observador puede también fluir de un punto a otro, o ver la muestra como un conjunto unido desde una sola perspectiva y moverse en ella dejándose llevar por las imágenes que tiene delante hasta establecer un diálogo fructífero con las mismas.

Espacio sin definir

Si aceptamos lo que vemos en esta muestra como documentación fotográfica, estamos expuestos frente a un hecho histórico particular de la nación. Esta documentación nos invita, entonces, a explorar un espacio abandonado y a la vez significativo que para los panameños implica tocar varios momentos de la historia nacional -incluido el actual-, un espacio donde no se sabe aún qué podría hacerse con él, cómo utilizarlo y, si se decide hacer algo allí, no queda muy claro cuáles asociaciones, y memorias colectivas o personales, activaría en quien en él trabajase.

El espacio llamado “Amador”, tema y sujeto de la exposición, puede ser desconocido por muchos, especialmente por las nuevas generaciones. El transformarlo o utilizarlo para hacer algo dentro de él pudiera alterar su significación histórica, pero el dejarlo tal y como está, también. Para la memoria personal equivaldría a aquel cuarto descuidado y misterioso de la casa al que por varias razones, conscientes o no, evitamos entrar.

En este aspecto, las fotografías de la muestra resuenan con la famosa película del cineasta ruso Andrei Tarkovsky llamada Stalker (1979), donde el visitar un espacio abandonado lleno de objetos desechados no es un acto poético, sino una actitud frente al significado histórico del mismo, que aún se está procesando internamente. En este sentido, las fotos son una excelente documentación de lo que el trópico hace con las construcciones abandonadas, con los materiales usados en ellas y que están sometidos a la intensidad del clima; con las mezclas orgánicas en las paredes y en los pisos dejadas por insectos, pájaros y animales que usan el lugar como hábitat; con un lugar que, siendo aún usado de basurero, mantiene una resonancia que va más allá del momento, pues está interconectado a la historia nacional.

Decadencia tropical

Si hacemos una aproximación conceptual a la exposición -es decir viéndola como el arte que nos hace pensar- donde la idea predomina por encima de los demás componentes, Ricardo López Arias nos deja solos como espectadores frente a un lugar escenográfico, pudiendo uno escoger el mirar a “Amador” desde la perspectiva del artista o de lo que uno percibe del espacio. Es la exposición, en este caso, un texto visual a decodificar en el cual el espectador pudiera comentar y concluir sobre lo que ve a partir del impacto que le produce en la mente.

En este punto, es necesario e imprescindible informar a quien visita la muestra qué cosa es Amador, qué fue, dónde está ubicado, las fecha de su construcción y abandono, para qué ha sido usado y por quién, pues lo que tenemos delante como tema contrasta con el desarrollo creciente urbanístico de la ciudad, donde los edificios en construcción, o ya terminados, tienen una sofisticación de diseño, materiales usados y en el empleo de las formas creativas llenas de líneas rectas y curvas. ¿Nos está hablando esta serie de piezas de lo que podría ser el futuro de Ciudad Panamá si no se atiende como se debe su espacio urbano, si se le abandona o si se le descuida, o -más filosóficamente- lo que es inevitable con el paso del tiempo sobre todo lo creado por el hombre? ¿O nos está hablando del impacto testimonial de la historia y de los eventos sociopolíticos, en los materiales y proyectos humanos? ¿Nos está enfrentando con aquello que, aunque queramos ignorar, nos está llamando la atención?

Conceptualmente, las imágenes del vidrio roto y las tuberías carcomidas que van de un lado al otro nos remiten a la fragilidad de lo existente, a la función que ya no se cumple o no es necesaria, a aquello que fue y ya no es, aunque mantenga la forma exterior que aparenta la posibilidad. La guía telefónica en el suelo cubierta por musgo y hojas caídas da la idea de una información que deja de tener sentido por pasada, a pesar de estar allí al alcance de todos. La casa abandonada ya sin puertas ni ventanas; espacios que, si fueron funcionales ayer, hoy están invadidos por la fuerza de la naturaleza tropical, situación que nos remite a parafrasear al poeta mexicano Carlos Pellicer Cámara, cuando señala que en el trópico todo se deteriora.

El abandono captado en estas fotos no es poético ni metafórico, es la representación visual de la idea filosófica de la mutabilidad del tiempo, sugiriendo que todo poder, toda fortaleza, aún la más fuerte, frente a la naturaleza está en pañales, pues lo que surge y florece también decae a su debido tiempo.

Discurso inédito

Si nos decidimos por un acercamiento estético a la muestra desde lo puramente visual y compositivo, nos sometemos voluntariamente al poder de la forma, de las texturas, de las líneas, de los contrastes, del color como atmósfera ambiental, del ritmo de los elementos y de objetos fotografiados que crean patrones que se repiten hasta cubrir una superficie de un borde al otro. Algunas fotos en este sentido son excelentes composiciones abstractas. En ellas -que a veces son los detalles de fragmentos ampliados- las imágenes nos desorientan, pues no sabemos si lo que miramos es un objeto, ni qué objeto en particular estamos mirando en caso de que lo fuese, si es o no un paisaje o simplemente una textura fuera de proporción de algo mínimo.

Es de notar la variedad en las dimensiones de las fotos expuestas. Es importante verlas, pues intencionalmente López Arias nos deja sin referencia visual dentro de las composiciones que se observan. Una foto ya no es una representación de algo, se convierte entonces en una propuesta visual válida en sí misma similar a la que un pintor de la abstracción podría hacer con texturas de diversos materiales en un lienzo. El colorido en las fotos no representativas no es vibrante ni se usa para definir formas, siendo más bien una tonalidad que otorga un sentimiento general a lo que vemos, como una transparencia que lo aglutina todo en una sola superficie. En algunas piezas los contrastes de valores son fuertes, el blanco y el negro se juntan en fotos que son manipulados por el artista para acentuarlos. La opción de eliminar el color y dejarlo todo en valores simplifica lo visto. Al reducirlo le aporta definición.

El montaje de la exposición tiene una propuesta específica digna de mencionar. Al no estar enmarcadas tradicionalmente las piezas como unidades independientes, sino colocadas directamente en la pared, al mismo nivel de la superficie, este montaje hace que el visitante tienda a verlas como integradas a ella: las fotos y las paredes son una sola cosa en este discurso.

La galería, con su irregularidad de ángulos y formas, ayuda a recordar el tema: el espacio imprevisto. Las fotos colocadas en distintos niveles en referencia a quien las mira formulan una atención descontinuada, no lineal, donde la secuencia es interferida requiriendo diversos niveles de atención, aproximación o distancia del espectador para poder apreciarlas. El tamaño irregular de las mismas aporta en este sentido la facilidad para dejar de consumirlas como algo reiterativo, monótono, e industrial. Más bien lo “postindustrial” se convoca aquí haciéndonos cuestionar si la fotografía es la mejor manera de documentar lo que vemos o si el discurso del artista es más importante que lo objetivo “real” del cual trata su temática. En este punto es donde se discute o se acepta si lo que tenemos delante es un testimonio, una documentación o un acto visual compositivo totalmente construido a partir de percepciones.

Puede que en esta exposición se aúnen de una vez las tres aproximaciones al tema: la manera testimonial, la conceptual y la artística, sin que las fronteras queden bien definidas. Si la fusión de estos acercamientos es un logro o un obstáculo dependerá del observador, quien tendrá entera libertad -como el artista se la dio frente a su tema- de escoger el punto de interpretación y referencia que más le atraiga. Así como el día de la apertura se dio una conversación abierta con el artista y el público, un debate sobre los temas sugeridos pudiera añadir muchos más niveles y aproximaciones al asunto sin quitarle misterio a la exposición. De hecho, mediante su obra fotográfica López Arias evidencia un proceso permanente de aproximación a su historia y medio ambiente desde la compleja condición de su herencia cultural.

Tambien revisa...

Visión estratégica en las relaciones con China

Por: Roberto Montañez “Dejad que el Dragón duerma, porque cuando se despierte, el mundo se ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resolver : *
14 + 4 =