Viernes , Julio 21 2017
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Con negativos del ecuatoriano Carlos Endara, ampliados digitalmente, para una exposición curada por Adrienne Samos, el Museo de Arte Contemporáneo conmemora los cien años de fundación de la Cruz Roja Panameña.

Exposición Fotográfica: Centenario a través del lente

Este año marca el centenario de la Cruz Roja Panameña. La celebración medular de esta fecha significativa es la exposición histórica titulada “Centenario de la Cruz Roja Panameña. Orígenes: 1917”, financiada por la familia de Obarrio, coordinada por Olga de Obaldía, de la Comisión de los 100 Años de la Cruz Roja Panameña, y curada por Adrienne Samos.

La muestra, que ocupa ambas salas de la planta baja del Museo de Arte Contemporáneo – MAC PANAMÁ, se centra en fotografías tomadas por Carlos Endara Andrade entre 1917 y 1920, poco después de que la filántropa y escritora Matilde de Obarrio de Mallet creara la filial panameña del CICR. Ese mismo año se sancionó la Ley 40 por medio de la cual se fundó “la Cruz Roja Nacional de la República de Panamá”. Acto seguido, Lady Mallet formó y encabezó el Comité Ejecutivo Fundador, integrado también por el gran jurista, pensador y estadista Ricardo J. Alfaro, entre otros.

El lente de Carlos Endara Andrade, pionero de la fotografía en Panamá, nos ofrece una mirada vívida y penetrante a la institución y sus protagonistas en los albores del siglo XX. Estas extraordinarias imágenes históricas, varias de ellas tomadas en la primera sede de la Cruz Roja Panameña —el actual edificio de la Gobernación, ubicado en el barrio de La Exposición— retratan a su presidenta, a sus directivos, a líderes estatales y eclesiásticos, a enfermeras, a médicos, a damas voluntarias y a benefactores de este movimiento humanitario, así como a cientos de pacientes bajo su cuidado y asistencia.

Las imágenes de Endara, algunas inéditas hasta hoy, fueron reproducidas digitalmente de placas de vidrio —que forman parte de los más de cuatro mil negativos originales de la colección de Ricardo López Arias y Ana Sánchez Urrutia— cuidadosamente restauradas por expertos, ampliadas en grandísimo formato e impresas con pigmento perdurable en papel de inyección de tinta libre de ácido (bajo la minuciosa supervisión del Dr. López Arias).

Con propósitos didácticos, históricos y estéticos, la exposición también incluirá documentos de la Cruz Roja Panameña, condecoraciones en préstamo del Museo, Biblioteca y Archivo Ricardo J. Alfaro, así como objetos, revistas y fotografías de época (copias vintage) de la colección permanente de Mario Lewis Morgan, director de la Casa Museo Endara, que otrora fue el famoso estudio fotográfico de Carlos Endara Andrade.

Esta exposición y el programa educativo que la acompaña tienen como misión dar a conocer a la ciudadanía la labor social que desde sus primeros días emprendió con rigor, tenacidad y entusiasmo esta benemérita institución.

La dama de la salud

La sociedad nacional de la Cruz Roja Panameña se fundó de palabra el 13 de enero y por ley el 1 de marzo de 1917, gracias a la visión, iniciativa y dedicación de su fundadora y primera presidenta, doña Matilde de Obarrio de Mallet (1872- 1964).

Hija de Gabriel de Obarrio y Rita Vallarino de Obarrio, doña Matilde se educó en Nueva York y París, sobresaliendo desde muy joven por su aguda inteligencia y altruismo. En 1908 contrae matrimonio con Claude Coventry Mallet, cónsul británico en Panamá. En 1917 funda la Cruz Roja Nacional, combatiendo “la indigencia y la ignorancia”, causas que atribuye a los peores “males que flagelan tan terriblemente a la población de esta República”. Su labor humanista rebasa las fronteras de su país: en Inglaterra se dedica a proveer asistencia médica a heridos de guerra, indigentes y refugiados. Lady Mallet es también autora del importante ensayo histórico titulado Bosquejo de la vida colonial en Panamá (1915), fue delegada especial del Congreso Interamericano de Mujeres (1926) y recibió numerosas condecoraciones por su labor filantrópica.

Como apunta Carlos Guevara Mann, historiador, politólogo y biógrafo de Matilde de Obarrio de Mallet, “por la lectura de sus papeles personales, actualmente en posesión de sus descendientes en Curry Mallet, Inglaterra, lo mismo que por las dinámicas que imprimió a sus actividades, su acción social estaba inspirada en la convicción de que como miembro del estrato superior de la sociedad, le correspondía llevar a cabo obras filantrópicas en beneficio de los sectores marginados. Se trata de un involucramiento social desde la perspectiva del asistencialismo o la ‘caridad’, coherente con los ‘fines caritativos’ asignados a la Cruz Roja Panameña mediante la Ley 40 de 1917”.

Entre otras muchas razones de peso social, Lady Mallet fundó la Cruz Roja Panameña para paliar la gran crisis demográfica y sanitaria que se produjo cuando la población afroantillana quedó desempleada luego de la construcción del Canal y se le exilió de la ex Zona del Canal. Esta situación crítica agravó aún más la grave situación de desamparo que ya se cernía sobre grandes sectores de la población panameña, sobre todo el indígena.

La población padecía principalmente de enfermedades parasitarias en los niños (uncinariasis) y tuberculosis, como lo detalla Lady Mallet en su primer informe público. “… Al saber que se abría una clínica de tuberculosis, el doctor Nicolás Solano me ofreció sus servicios y en el mes de septiembre se examinaron los primeros enfermos tuberculosos. Se han hecho muchos esfuerzos, y hasta proyectos y planes para edificar un hospital de tuberculosos en Panamá, y en un lugar elevado, un sanatorio; pero aún no ha sido posible realizar más que una renta: el impuesto de licor, que permitirá que esto lo lleve a cabo la administración que me sucede, bajo la dirección de Sanidad; siendo la Cruz Roja, como tiene que ser, auxiliar de Sanidad. Un tratado internacional obliga y hace responsable a la oficina de la Zona del Canal de las condiciones sanitarias del país. El doctor W. T. Burres, jefe de la oficina del Uncinariasis, establecida en esta República por el Instituto Rockefeller, abrió también en el mes de septiembre la clínica de Uncinarias en el edificio de la Cruz Roja.

Esta clínica y la de Tuberculosis han dado muy buenos resultados. El reporte del fin de año demuestra elocuentemente en cifras la magnitud de lo que se ha llevado a cabo. De abril a diciembre se inscribieron 706 niños menores de un año. Miss Brakemeier y sus ayudantes hicieron 11,519 visitas de instrucción higiénica a domicilio. El Dr. Ciro Urriola examinó y trató 654 niños. Entre él y Miss Brakemeier inspeccionaron a 14,095 niños, haciendo un examen minucioso del estado de salud de niños menores de un año. Recibieron auxilio 286 familias. Se visitaron a domicilio 690 familias pobres. Se bautizaron seis niños. Se legitimaron seis niños. Se efectuaron dos matrimonios. En la clínica de tuberculosis, de agosto a diciembre, se examinaron 296 enfermos y se medicaron 275”.

El fotógrafo de Porras

La singular obra fotográfica de Carlos Endara Andrade perdura como evidencia y testimonio vivo de la historia del Panamá de fines del siglo XIX y la primera mitad del XX. El filántropo panameño Mario Lewis Morgan no solo compró y restauró el estudio fotográfico de Endara, sino que adquirió buena parte del mobiliario, negativos en vidrio y objetos que pertenecieron al artista, y que vino a sumarse al archivo fotográfico adquirido por su abuelo Samuel Lewis.

Oriundo de Ecuador, Endara Andrade arribó a Panamá en 1886, conviertiéndose en el fotógrafo de la generación que fundó la República, creando una crónica visual que proyecta el espíritu de una época, un lugar y su gente. Desde que dejó su pueblo andino para vivir en la capital panameña, Endara comenzó a documentar con entusiasmo las calles, plazas y parques de su nuevo hogar. Llegó atraído por las obras de la Compagnie Universelle du Canal Interocéanique, lideradas por Ferdinand de Lesseps, y no tardó en conseguir un trabajo lucrativo como dibujante técnico.

Con la quiebra del canal francés, Endara se volcó por entero a la fotografía, registrando la influencia francesa en el istmo, el legado colonial español, sucesos clave en torno a la independencia de Panamá de Colombia, los comienzos del nuevo canal a cargo del gobierno estadounidense, las medidas titánicas de saneamiento urbano y erradicación de la fiebre amarilla y la malaria, el desarrollo pujante de la ciudad de Panamá y la vida cotidiana de la calle.

Esa práctica se acrecentó cuando fue nombrado fotógrafo oficial de Belisario Porras, presidente de Panamá durante tres períodos y el responsable del extraordinario proyecto urbano llamado La Exposición. El prolífico fotógrafo y pintor ecuatoriano residió la mayor parte de su larga vida en su patria adoptiva. Se ausentó varios años a partir de 1899 para estudiar Bellas Artes en París, con énfasis en las nuevas técnicas fotográficas, y emprendió fructíferos viajes por Europa y Estados Unidos.

Endara Andrade se convirtió en el fotógrafo predilecto, no solo de la alta clase social panameña, sino también de personas provenientes del amplio mosaico étnico del que siempre ha estado compuesta la República de Panamá. Todo el mundo aspiraba a ser retratado por Endara, un auténtico virtuoso del género. Más que ningún otro fotógrafo de su época, nos ha legado narrativas visuales de gentes que impulsaron el crecimiento de este país y su ciudad capital.

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