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De la calle Monteserín a la Junta Directiva

Ricardo De la Espriella Toral no necesita mayor presentación. Fue uno de los ‘civiles’ que acompañaron al general Omar Torrijos en la lucha por la recuperación de la soberanía del país y que derivó finalmente en la firma de los tratados canaleros de 1977. Hoy -cuarenta y pico años más tarde- nos asegura que la devolución del Canal a manos panameñas fue prácticamente un accidente, porque en la psiquis del ‘Comandante’ lo que prevalecía era la necesidad de eliminar la ‘colonia’ y no otra cosa.

Por: REDACCIÓN PORTADA

El expresidente (de facto) estuvo al frente de Panamá entre el 30 de julio de 1982 y el 13 de febrero de 1984. A los 82 años de edad, tiene aún latentes aquellos días de la dura presencia de Estados Unidos en el quehacer cotidiano de los panameños. Rememora -como si hubieran ocurrido este mismo año- los sucesos del 9 de enero de 1964.

Describe con emoción la intervención del ‘institutor’ Napoleón De Bernard en los hechos violentos de ese día en el que cayó Ascanio Arosemena -paralizado por el impacto de una bomba lacrimógena y no de bala de pistola ni de fusil- y describe -con jocosidad y rabia a la vez- cuando a los 18 años fue multado por una falta de tránsito en un tribunal ‘zoneita’, por un juez ‘zoneita’, en un castellano mal pronunciado por un ‘zoneíta’, con “20 lechuguitas” (dólares de aquellos).

En julio de 2007, cuando coge forma la idea de ampliar el Canal de Panamá en la gestión del presidente Martín Torrijos, este egresado del Instituto Nacional (el legendario ‘Nido de Águilas’) es designado miembro de su junta directiva, cargo que abandona hace tan solo unos meses. “En la ceremonia de despedida recordé que un humilde residente de la calle Monteserín (en el límite entre el corregimiento de Santa Ana y la desaparecida segregación canalera) que era correteado por los policías de la Zona por invadir su territorio (solo para recoger mangos) iba a ocupar una silla en la directiva de ese monstruo”.

PORTADA: ¿Qué va a extrañar de sus días en la Junta Directiva del Canal?

RDLE: Yo aprendí mucho, a pesar de tener otras experiencias. Sí, se extraña el estar involucrado en una empresa de primer orden estatal. Es una empresa estatal, pero yo diría una empresa como cualquier multinacional. No te puedo decir que voy a extrañar nada en particular. Pero sí extraño las vivencias, la participación, las discusiones y los debates que se hacían. El poder saber qué es lo que está pasando en el monstruo ése, porque es una empresa monstruosa.

PORTADA: Once miembros en una directiva con distintas tendencias políticas, sociales y económicas, ¿cómo hacen para conciliar, para llegar a consensos?

RDLE: No se conciliaban inmediatamente, había amplias discusiones en los temas, pero por alguna razón cuando se iniciaron las juntas directivas -incluso cuando aún los norteamericanos eran parte- se lograban esos consensos.
Siempre se buscaba la manera de que, al final de la discusión, el grupo que ganaba una votación le pedía al otro que se uniera para que no pareciese que existía una división y entonces se lograba ese consenso. Siempre hubo la posibilidad de conversar. Por más dispares que fuéramos, siempre conversábamos. Porque habían temas que unían, como el caso de los reclamos que hace el contratista (del proyecto de ampliación). Ese fue un tema que unió totalmente a la junta directiva. Que yo recuerde, nunca hubo una división marcada.

PORTADA: Usted llega justamente cuando toma forma la ampliación; ¿lo que finalmente se inauguró el 26 de junio fue lo que se aprobó en 2006?

RDLE: Yo pienso que sí. Aparte de los detalles que siempre faltan en una obra, porque nunca se termina una obra en forma exacta en el mismo día, se entregó lo que se concibió, eso fue lo que se pidió en la licitación por el diseño y la construcción. Ellos ganaron y se supervisaron los trabajos, y es justo decir que hubo una supervisión de los ingenieros del Canal bien cerrada, tan cerrada que es lo que ha traído las quejas del constructor, porque no se le aceptaban ciertos terminados, por eso dicen ellos que nosotros en el Canal les hicimos perder el tiempo y mucho dinero. Pienso también que no tienen razón en sus reclamos y espero que se falle a favor de la ACP.

PORTADA: ¿Qué piensa usted de aquella concepción popular que reitera que ese ‘monstruo’ está dominado por una élite social y que no cabe más nadie allí?

RDLE: ¡Bueno! …para ser honesto, no es que esté dominado por la élite social, pero creo que hay que darle más participación a otros estamentos de la sociedad panameña. Como la junta directiva la escogen los presidentes, estos escogen a sus allegados, a sus copartidarios o a sus amigos, y creo que se olvidan un poco de que están los obreros, están los que producen los ingresos del Canal [los navieros]; los mismos empleados del Canal, entre los que están los prácticos, los capitanes de los remolcadores, los que tiran las líneas en las esclusas. Entonces, algún representante de ellos debería aparecer allí. Hay que tomar en cuenta a mucha gente que participó en la lucha social, en la eliminación de la colonia.

PORTADA: Ese ‘dominio’ al que se refería la pregunta anterior también tenía que ver con el uso que se le dan a los ingresos del Canal, y que muchos sienten que el Canal pertenece a otro país…

RDLE: Esa no es responsabilidad de la ACP. La ACP es una empresa como lo fue el INTEL, el IRHE y la Autoridad Portuaria, en su momento. Sus ingresos van a una caja común. Es el Ejecutivo el que hace el presupuesto y quien debe distribuir de la mejor manera los ingresos del Canal. El Canal no puede asignar los fondos para proyectos particulares. La junta directiva lo que hace es asegurar las reservas del Canal y el grueso del ingreso se pasa a la caja común del Estado. O sea, el Canal no maneja el dinero que produce y que traspasa al Estado. Por otro lado, dentro de los proyectos que tiene la ACP hora mismo creo que está abriendo un Museo del Canal en Santiago de Veraguas, pero no pueden disponer de los fondos para hacer un acueducto en Capira. Lo que sí ha pasado es que el Estado le ha pedido al Canal para que apoye, por ejemplo, al IDAAN con una planta potabilizadora en La Chorrera, y lo hizo porque tiene los técnicos y los recursos.

PORTADA: Esta crítica que le hace el ‘New York Times’ al proyecto de ampliación… (interrumpe)

RDLE: ¡Es injusta! Totalmente injusta, y me parece que con algún interés muy mezquino y egoísta, porque no se basa ni se ajusta a la verdad. Me extraña que sea el ‘New York Times’ el que haga este tipo de periodismo, que no coincide con la realidad.

PORTADA: Los nombres que le asignaron finalmente a las esclusas, ¿comparte usted la posición del administrador?

RDLE. No. No la comparto para nada… En el Canal no hay ninguna mención a Torrijos por los Tratados Torrijos-Carter, y no por Torrijos, porque todo es el producto de una lucha generacional. Pero tú no ves en el Canal -si acaso una grúa que se llama Alberto Alemán Zubieta- ni un carro que tenga el nombre de Omar Torrijos, aunque sí tienen un auditorio que se llama Ascanio Arosemena y una escuela que se llama Ascanio Villalaz. Llaman en ciertas ceremonias a la gente que participó en los hechos del 9 de enero de 1964, a los sobrevivientes que hay por allí, pero no recuerdo que se haya hecho algún ofrecimiento de reconocimiento a Omar Torrijos, pero puede ser que esté equivocado. Siempre digo que los administradores y los ejecutivos están ahí por el esfuerzo de Torrijos. Muchos de ellos trabajaron con los gringos, pero ellos no hubiesen llegado a las posiciones que tienen, porque esas las ocupaban los norteamericanos. Creo que todavía hay un poco de esa mentalidad que nos impone que la Zona es un sitio aparte,

PORTADA: ¿Qué cambiaría en el Canal?

RDLE: Su administración, que en algunos casos siento que es obsoleta, porque no está totalmente modernizada. Por ejemplo, pienso que hay una junta directiva que no debe ser toda nombrada por el presidente de la República… que dé su aprobación, pero que se le sometan candidatos y ternas de diferentes corrientes. Además, creo que once son muchos directivos, y nueve años puede ser un período sumamente largo.

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