Sábado , Octubre 21 2017
Inicio / EdicionImpresa / La corrupción en Panamá y en el mundo
Recientemente, y a nivel internacional, se han dado a conocer importantes casos de corrupción que han involucrado corporaciones de todo el mundo y, sin duda, a políticos del más alto nivel.

La corrupción en Panamá y en el mundo

Por: Walter Brunetti

Para el papa Francisco, la corrupción es “la gangrena de un pueblo”. El ex secretario de Estado de la administración de Obama, John Kerry, la ha definido como un “radicalizador” porque “destruye la fe en la autoridad legítima”.

El ex primer ministro británico David Cameron la describe como “uno de los mayores enemigos del progreso”.
Alejandro Salas, director de Transparencia Internacional, plantea que la trilogía que conforman la desigualdad, el populismo y la corrupción, justifica en buena parte el atraso que vive hoy América Latina.

Para algunos dignos líderes mundiales, la corrupción se ha convertido en una amenaza para la dignidad y la seguridad de sus pueblos. Este fenómeno se ha venido consolidando con la evolución del tiempo, perjudicando el crecimiento y deteriorando profundamente la credibilidad en las instituciones y en sus líderes.

La corrupción, en pocas palabras, es el abuso de la función pública para beneficio personal. Este flagelo ha estado presente tanto tiempo como los gobiernos, pero en las últimas décadas se ha sofisticado con efectos devastadores.

Factores clave

Las causas y consecuencias de la corrupción política alrededor del mundo se han caracterizado por depender de múltiples factores, así como algunos ámbitos específicos.

Las causas endógenas o internas se asocian a las acciones del individuo corrupto y a su pensamiento. La carencia de conciencia social es una de las causas principales, ya que al corrupto no les da importancia a los ciudadanos ni al compromiso que tiene con ellos.

Una persona corrupta es antisocial, dado que su comportamiento va en contra de la sociedad y en busca del beneficio propio. La corrupción seguirá si el corrupto y sus ciudadanos lo permiten.

Las causas exógenas o externas tienen gran peso para que todas las formas de corrupción se desenvuelvan en un Gobierno. La sociedad influye gravemente en la aceptación de la corrupción, ya que puede intervenir en que los actos relacionados queden impunes; igualmente, empresas y corporaciones promueven su consolidación, ya que participan en ambos lados, tanto públicos como privados, modelos sociales sin valores, concentración del poder en determinadas decisiones que toma el Gobierno, sobornos, control sobre los medios de comunicación para que no se suministre cierta información al público. Se promueve el poco poder adquisitivo de los ciudadanos, la escasa transparencia en cuanto a la utilización de los fondos públicos y en las decisiones tomadas. No existe administración eficiente de los recursos del país.

Estadísticas recientes

La organización no gubernamental Transparencia Internacional publicó recientemente el “ranking” anual que ordena a los países más y menos corruptos del mundo según la “percepción” ciudadana. Los resultados muestran una vez más a Venezuela en el fondo de la lista regional, mientras que Uruguay es el mejor posicionado.
La mayoría de los países latinoamericanos evidencian cifras alarmantes en los niveles de corrupción de sus gobiernos.

“En el continente sureño, la corrupción no es un problema genético. No es algo propio, se encuentra en todas partes. Que exista o no, depende de la fortaleza de las instituciones democráticas”, declaró Salas. El funcionario subrayó que de diecinueve países latinoamericanos, la mayoría ha perdido puntuación: once cayeron en su calificación, cuatro se mantuvieron estables y solamente otros cuatro mejoraron.

El “ranking” de ciento setenta y seis países lo encabezan Nueva Zelanda y Dinamarca; Uruguay es el mejor evaluado en Latinoamérica, con la posición veintiuno. Entre los que más cayeron en su calificación este año están México y Chile, que perdieron cinco y cuatro puntos, respectivamente, y ahora se posicionan en los lugares ciento veintitrés y ciento veinticuatro.

“Chile sigue entre los mejor calificados de América Latina. Cuenta con una policía honorable, una justicia profesional y acceso a la información. El caso México no sorprende en su caída, puesto que tiene explicaciones más fáciles y directas”. Se destacan tres factores: se incumple con el plan de lucha contra la corrupción, las administraciones son corruptas y hay poca efectividad de la justicia para castigarlas.

Hay esperanzas específicas para el caso de Argentina, que se encuentra en el lugar noventa y cinco de la lista y aunque “se califica bastante bajo, se produjo un cambio de Gobierno y con esto un cambio en las instituciones y, por lo tanto, en la manera de percibir las cosas”.

La corrupción en Brasil pone al país en el sitio setenta y nueve, pues “hay una especie de mafia económico-política”. Sin embargo, cuenta con instituciones fuertes: fiscales, jueces, policía federal, que logran equiparar los altos niveles de pobreza con algunos logros sociales.

Casi al final de la lista se encuentra Venezuela, la peor nación de la región en lo que respecta al gobierno corrupto. “La diferencia es que en este país el Poder Ejecutivo es dueño y señor del control de las instituciones, con excepción ahora del Parlamento”, argumenta Salas.

Salas, entre otros factores, asegura que “para luchar contra la corrupción no hay fórmulas mágicas. Se necesitan instituciones serias y sólidas, información y una justicia independiente del poder político”.

Consecuencias de abordar la corrupción

La corrupción se encuentra en niveles críticos en América Latina, que está entre las regiones más afectadas del mundo con efectos concretos. Un país capaz de atacar la corrupción efectivamente puede incrementar su Producto Bruto Interno (PBI) hasta en un 300%, mejorando su salud y la educación y disminuyendo la desigualdad. Cuanta más corrupción, más desigualdad.

Los datos y sus conclusiones se desprenden de la base de datos de los indicadores de gobernabilidad elaborados por investigaciones del Banco Mundial y Daniel Kaufmann, presidente del Natural Resource Governance Institute (NRGI). “Hay vulnerabilidades en América Latina en cuanto a cómo se usan (o ‘desvían’) fondos públicos presupuestarios, sobornos en las licitaciones públicas y en decisiones judiciales”, aseguró Kaufmann.

De los seis indicadores que componen el índice de gobernabilidad, dos son especialmente sensibles a lo que hacen las autoridades ante el desvío de fondos públicos: el del control de la corrupción y el de la calidad del estado de derecho, clave para mejorar el freno a los casos de sobornos.

Venezuela aparece como el peor de la región y uno de los peores del mundo: de doscientos nueve países analizados, figura en los puestos ciento noventa y nueve y doscientos ocho en cada uno de estos indicadores; y Argentina, ciento cuarenta y ciento setenta y uno, respectivamente. “Durante los últimos quince años, Argentina no ha mejorado, al contrario”, detalló Kaufmann.

Preguntas relevantes

A continuación algunas interrogantes y sus respuestas para entender la realidad latinoamericana.

¿Por qué la corrupción, un tema tan importante, aparece en la agenda sólo cuando la economía cae o cuando es realmente inevitable?

En Brasil, Chile y Guatemala es número uno en la agenda, por lo que varía mucho en el continente y el mundo. En primer lugar, depende de cuánta importancia le dan la ciudadanía y los empresarios. Países que están muy mal por razones económicas tienen otros temas en agenda. El segundo punto es que cuando surge un escándalo importante sobre corrupción, hay más conciencia por parte de la ciudadanía. El otro aspecto importante es la tolerancia de la ciudadanía en cuanto a la impunidad y la corrupción. Hay cierta disminución en la tolerancia en casos como el brasileño, el chileno y el guatemalteco. Hay países donde el problema de impunidad y corrupción ha sido tan histórico, por tanto tiempo, que quizás toma más tiempo para que la tolerancia disminuya. Un punto más que cabe recalcar es la calidad y la independencia del sistema judicial. Brasil, por ejemplo, tenía un nivel de corrupción relativamente alto, hasta que hace diez años comenzó a fortalecer la calidad del poder judicial. Que Marcelo Odebrecht esté preso como en este momento hubiera sido impensable hace una década.

¿En qué momentos aflora el tema en la agenda pública?

Varía. Un punto importante es que cuando hay un escándalo es una gran oportunidad para que surja el tema en la opinión pública, pero sobre todo cuando ese escándalo es nuevo, cuando no existió desde siempre. Un ejemplo es el caso Petrobras, en el que toda la dirigencia está involucrada. Cuando tienes otros países, como Venezuela, donde esto estuvo ocurriendo durante mucho tiempo, los casos no se convierten en emblemáticos tan fácilmente, pasan a ser de la cotidianidad. Los casos chilenos (Penta y Caval) en otros países no serían noticias. Un “shock” económico negativo puede ser importante porque la ciudadanía se pregunta: ¿qué hicimos durante la época del auge y qué estamos haciendo ahora? Las crisis de Brasil y la caída del cobre en Chile, lo demuestran.

¿Qué desafíos enfrentan los países más corruptos de la región?

Venezuela es de los países más corruptos no sólo de América Latina, sino de todo el mundo. La Argentina sale con muchos desafíos, pero no tantos como otros casos de la región. Relativamente hablando, el sistema judicial en Argentina no es percibido como independiente o particularmente fortalecido como en Brasil y Chile. También hay un tema de la importancia relativa de distintos aspectos. En este momento, en la Argentina lo más importante es la economía, por razones obvias.

¿Qué impacto tiene esto sobre la gobernabilidad?

Controlar la corrupción importa para el desarrollo económico de un país. Un país que mejora en el control de la corrupción en forma realista, causa un incremento en el PBI.

¿Cómo se puede combatir?

Lo primero es reconocerla. Cada decisión debe aplicarse de acuerdo a la realidad de cada país. Hay que cambiar el funcionamiento de la democracia interna de los partidos políticos. Pero hay que ser realista y dar incentivos a los países para cambiar su sistema. En algunos casos de análisis, empiezan con reformas políticas, pero en otros es más realista empezar con la reforma judicial, con la meritocracia en la designación de jueces, la transparencia de los fallos. También está la policía, sobre todo en países donde la corrupción está relacionada con el narcotráfico.

El otro tema crucial es el de las licitaciones en los contratos públicos. Esa es un área pendiente; hay mucha corrupción. Tiene que haber más transparencia, empezando con la ley de acceso a la información. En el área de la sociedad civil se puede avanzar bastante.

Como se puede apreciar en el caso particular de Panamá, el país se ubica en el sitial cinco dentro del “ranking” de la región. Sigue ocupando una posición “honorable” dentro de los países seleccionados. Solo falta esperar cómo se desenvuelven las instituciones y cada uno de sus representantes políticos y empresarios, a razón de los más recientes acontecimientos, donde el caso de Papeles de Panamá y Odebrecht parecieran ser la punta de lanza.

Tambien revisa...

Visión estratégica en las relaciones con China

Por: Roberto Montañez “Dejad que el Dragón duerma, porque cuando se despierte, el mundo se ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resolver : *
8 + 6 =