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Hay un amplio espectro de cosas terribles que le pueden pasar a nuestro cerebro traumatizado. La evolución ha sido un poco injusta con él encerrándolo en una cámara protectora rígida, el cráneo, con una sola salida de unos pocos centímetros, el foramen magno, por donde pasa la médula espinal que nos permite movernos y respirar.

No se golpee el cerebro

Por: Pedro Rovetto

El lenguaje popular tiene sutilezas dignas de estudio. En el “Diccionario del español en Panamá” (Margarita Vásquez, 2011) se encuentran dos panameñismos casi sinónimos.  “Ñame”, para persona muy poco seria, siguiendo al DRAE. Y “Ponchi”, para loco. Ahora, en el habla popular decimos: Fulanito es un ñame, Fulanito quedó o está ponchi. ¿Notan la diferencia?: uno nace ñame y a uno lo hacen o lo dejan ponchi. Lo primero, ñame, es un rasgo congénito de carácter, sin hacer alusión a ningún político. La segunda, ponchi, es una condición posnatal asociada a algunos eventos particulares. En años recientes, la medicina explicó el daño cerebral de las personas que sufren esa triste condición.

Golpes cerebrales en el boxeo

Game Brain es una película que narra la novelesca historia de la descripción médica de la Encefalopatía Traumática Crónica (ETC o CTE, en inglés) lesión que encontramos en los cerebros de las personas que en panameño llamamos con poca sensibilidad personal “ponchi”. Cuando joven asocié esa palabra al punching bag o saco de boxeo que golpeaban los boxeadores repetidamente en el gimnasio. Quizás el hablar dificultoso y los temblores continuos de Muhammad Ali se debían a su carrera de pugilista, pensaba.

Todavía no sabemos con certeza si Ali sufre de enfermedad de Parkinson clásica o sólo un parkinsonismo (hablar lento, movimientos involuntarios, rigidez) asociado a su carrera de boxeador o esta nueva Encefalopatía Traumática Crónica. Para dilucidar esa duda tendremos, por ahora, que esperar tristemente a los hallazgos de autopsia. Pues es después de varias autopsias de deportistas que el doctor Bennet Omalu describió la enfermedad.  No creo que nadie haga una película de autopsias, así que podemos preguntarnos por qué se convirtió en protagonista de cine un forense que las realiza.

Traumatismos en la NFL

El apellido Omalu significativamente en su idioma original abrevia “si usted sabe, salga y hable”. Y eso también resume la historia del doctor Bennet Omalu. Él es un médico desplazado de Nigeria que emigró a los Estados Unidos. Allí se especializó en patología y medicina forense. En 2002 realizó la autopsia al jugador Mike Webster de los Acereros (Steelers) de Pittsburgh, el mejor defensa central en la historia de la NFL para muchos, quien había muerto sin causa clara después de varios años de pobreza, problemas mentales, abuso de drogas y depresión. El doctor Omalu encontró con su investigación personal y autofinanciada anormalidades claras en la corteza cerebral fronto-temporal y otras áreas neurológicas.  Publicó la descripción de la enfermedad en 2005 denominándola Encefalopatía Traumática Crónica.

La NFL no creyó la evidencia, llamando al artículo basura, palabra más, palabra menos.  Uno de los miembros de su comité ejecutivo dijo que la única evidencia válida de daño cerebral por trauma ocurría en boxeadores y jinetes de carreras de caballo con obstáculos.  Pero los casos se fueron acumulando en el fútbol americano: exjugadores que se suicidaban, uno después de asesinar a su novia, o morían tras años de depresión, aislamiento y conducta antisocial.

La NFL poco a poco fue cediendo ante el número de víctimas, perdió varios casos de demandas de jugadores y cambió las reglas para prohibir el retorno al campo de juego de jugadores golpeados. El problema sigue siendo que la lesión no puede diagnosticarse antes de la autopsia de la víctima.  Por eso en la película el personaje central es el patólogo forense que la describió ante la oposición violenta y malintencionada de poderosos intereses económicos y deportivos, el doctor Bennet Omalu.

El daño cerebral se ha seguido encontrando en jugadores de hockey sobre el hielo, lucha profesional, artes marciales, rugby, fútbol australiano y otros deportes de contacto.  Yo creo que hay deportes muy inteligentes como nuestro fútbol y el basquetbol, donde el objetivo primario es el balón. Y otros deportes menos inteligentes y más agresivos donde el objetivo es el jugador contrario. Por supuesto, en estos últimos hay más lesiones personales.  Aunque en 2012 se encontró en el béisbol, ese juego que “es un ajedrez con palo”, dice un amigo cartagenero, la Encefalopatía Traumática Crónica (ETC) en la autopsia de un jugador, Ryan Freel, quien se suicidó a los 36 años de edad tras muchos problemas con alcohol, drogas y depresión.

Esclerosis Lateral Amiotrófica

Hay otra enfermedad distinta, la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), que también se llama Enfermedad de Lou Gehrig.  Gehrig, el Caballo de Hierro de los Yankees, mantuvo por muchos años su récord de 2,130 juegos consecutivos hasta su emotivo retiro el 4 de julio de 1939.  Su enfermedad epónima es distinta, comienza con pobre coordinación y debilidad muscular progresando usualmente hasta la falla respiratoria. Y se puede diagnosticar en vida.

Una paciente conocida por mí se quejó por primera vez en nuestra casa de no poder ponerse sus joyas una Navidad y murió dos años después en un respirador. La ELA ha tenido más publicidad desde los tiempos de Lou Gehrig. Recordemos la campaña de echarse un cubo lleno de hielo en la cabeza hace dos o tres años recogiendo fondos para su investigación.  Y tiene una curiosa relación con otro deporte, nuestro fútbol soccer.  En los jugadores de la Liga Italiana, el Calcio, es seis veces más frecuente la ELA comparados con la población general.  Este es un hallazgo inexplicado hasta ahora, aunque se ha asociado a cabecear el balón.  No sé si esta es una asociación causal y probada. Si fuera así, los jugadores uruguayos, por ejemplo, Godín, gran cabeceador, estarían condenados a ella por sus brillantes goles tras balón detenido.

De todas formas, hay un amplio espectro de cosas terribles que le pueden pasar a nuestro cerebro traumatizado. La evolución ha sido un poco injusta con él encerrándolo en una cámara protectora rígida, el cráneo, con una sola salida de unos pocos centímetros, el foramen magno, por donde pasa la médula espinal que nos permite movernos y respirar.  Cualquier choque o movimiento brusco puede ser lesivo.

La primera muerte que recuerdo en mi infancia es la de un compañerito, Jurado, quien murió por ir patinando cogido a un carro. Quizás por eso temí después con gran cobardía (y prudencia) ir a patinar en fila con las manos cogidas a Las Bóvedas simulando un largo látigo. Y se deben obedecer siempre otras recomendaciones preventivas: no sacudir ni menos golpear a un bebé, ponerse el cinturón de seguridad en el carro, usar casco si va en moto o decide (bajo su propio riesgo) jugar fútbol americano o practicar artes marciales.  Cuide su cerebro, no lo golpee. No sea “ñame” y no quedará “ponchi”.

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