Jueves , Noviembre 23 2017
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Desde Miami, Ricardo Martinelli dicta la línea del CD. Un crítico a distancia de la gestión del presidente Juan Carlos Varela. Pero, ¿existe algún líder que encauce la frustración de los panameños?

Oposición a control remoto

Por: CARLOS CORDERO

Durante sus cinco años de mandato constitucional, Ricardo Martinelli Berrocal rompió todos los moldes. Hoy en día, a casi dos años de haber dejado el poder, vive un autoexilio en los Estados Unidos. Desde el 28 de diciembre de 2014, seis meses después de haber culminado su mandato (2009-2014), abandonó su residencia en el exclusivo barrio de Altos del Golf en la capital panameña y se trasladó a Brickel Ave., al apartamento 1901 en Miami, Florida, donde reside actualmente. En Panamá Jerónimo Mejía, magistrado de la Corte Suprema, lo ha declarado “en rebeldía” por no presentarse a una audiencia en su contra, a pesar de haber sido notificado por vía de edictos e internet, como lo permite el Sistema Penal Acusatorio (SPA).

Ha convertido su apartamento en Miami en una especie de cuartel general. Desde allí recibe visitas y dicta la línea del “CD”, la creación política que lo llevó al poder.

A pesar de la distancia, hace lo posible por perturbar la gestión de quien en su momento fuera su “amigo”, compañero de viaje, confidente y el segundo al mando de su gobierno: Juan Carlos Varela.

Desde Miami, le endilgó el mote de “Tortugón”, apodo del que no ha podido zafarse por la supuesta lentitud de su gestión.

Aunque se mantenga como fuerza política, la constitución es muy clara. Martinelli no puede ser candidato presidencial hasta diez años después de haber dejado el poder, es decir el año 2024. En su partido están a la espera de que designe a un candidato de cara a las elecciones de 2019.

Amenaza latente

Al menos en dos ocasiones, el expresidente de la República ha mencionado sus planes de regresar, así lo afirmó en su cuenta de Twitter el 12 de junio de 2015 y luego lo reiteró el 11 de abril pasado, en un mensaje que divulgó en redes sociales, con una foto en la que se le veía junto al diputado chiricano Miguel Fanovich, uno de los políticos que ha hecho la peregrinación hasta Miami.

El posible retorno del exmandatario fue sugerido por primera vez por su vocero Luis Eduardo Camacho, y reiterado después en una grabación del propio Martinelli. La intención es regresar desde los Estados Unidos y aterrizar en el Aeropuerto Internacional Enrique Malek de Chiriquí, para luego trasladarse a la capital.

Lo cierto es que Martinelli no ha dado fecha para su regreso y quienes lo adversan, entre ellos el diputado Jorge Alberto Rosas, dicen que, en efecto, debe regresar y enfrentar a la justicia panameña.

Parlacen, refugio en la cueva

Durante su mandato, Martinelli, hizo lo posible por sacar a Panamá del Parlamento Centroamericano (Parlacen): dejó de pagar las cuotas, denominó a sus integrantes como políticos fracasados y encomendó al propio Varela, su canciller en ese entonces, la misión de sacar al país de lo que calificó como una “cueva de ladrones”. El objetivo se logró, pero luego la Corte Suprema lo revocó.

Julio de 2014. No habían transcurrido 24 horas de haber dejado la silla presidencial cuando el político se embarcó en el primer avión hacia Guatemala, donde está la sede del Parlacen, tomando posesión de la curul que le correspondía como expresidente de la República.

Aunque no ha asistido a más de dos sesiones del Parlacen, su condición de diputado le ha servido para escudarse tras la inmunidad que ostenta como miembro de este organismo regional. Éste ha sido uno de los recursos a los que ha recurrido el costoso grupo de abogados que lo defiende, complicando los procesos legales que se le siguen en Panamá por supuestos actos de corrupción, cobro de coimas y otros actos ilegales.

De acuerdo con estimaciones de la Contraloría General de la República, durante los cinco año ss de la administración de Martinelli la lesión patrimonial superó los 300 millones de dólares. Sin embargo, este monto podría aumentar en el futuro, a medida que se vayan completando las auditorías que están pendientes en las diferentes instancias del Estado.

Varios ex ministros y el exdirector de un ente estatal están siendo procesados por peculado, y varios empresarios, incluyendo el hermano del expresidente, Mario Martinelli, tienen casa por cárcel como medida cautelar. Uno de los casos se refiere a la compra de comida deshidratada para centros escolares públicos.

Por el momento, el fuero del que goza Martinelli por su participación de su partido en el pasado proceso electoral solo ha servido para retrasar los procesos judiciales. en su contra. En cada uno de los casos que los magistrados de la Corte Suprema pidieron levantarlo, el Tribunal Electoral hizo el análisis respectivo y lo desaforó.

Igual sucedió con el Parlacen: en ningún momento fue obstáculo para que se avanzara con los procesos, a pesar de que el fuero fue invocado por la defensa del exmandatario.

Tarea pendiente

Aunque el juez de garantías, Jerónimo Mejía, ordenó la detención y extradición de Ricardo Martinelli en diciembre pasado, a la fecha no se conoce qué adelantos se han hecho en esta diligencia. La decisión se tomó por el proceso que se le sigue al expresidente por las supuestas escuchas telefónicas que se hicieron durante su mandato. Una orden judicial que fue titular de los principales periódicos y medios nacionales, e incluso internacionales, pero que hasta el momento del cierre de esta edición no ha sido ejecutada.
El paradero de Martinelli no es un secreto. Sin embargo, su captura aún no se ha concretado. La única gestión que se hizo pública fue una orden que se giró a los organismos de seguridad panameños de detener al exmandatario en caso de que pisara territorio nacional.

¿A tambor batiente?

A pesar de las bravuconadas a distancia de Martinelli, algunos analistas han estimado que Juan Carlos Varela gobierna prácticamente sin oposición. Exceptuando, claro está, las protestas esporádicas que se dan entre la población por los innumerables problemas que los aquejan: seguridad, inflación, transporte y la falta de servicios básicos.

Algunos explican este escenario en el hecho de que las dos principales fuerzas políticas -CD y PRD- que adversan al mandatario se encuentran maniatadas por pugnas políticas internas.

Esto explicaría cómo Varela ha podido lograr que en la Asamblea se aprueben leyes como la que reforma las contrataciones públicas, que, según el contralor Federico Humbert, “fue prostituida” durante la administración de Martinelli.

Por el momento, en lo a Asamblea se refiere, la estrategia del panameñismo ha sido aprovechar al máximo las conyunturas políticas y los intereses que prevalecen en el momento. “El panameñismo se ha aprovechado de la naturaleza clientelista de los partidos tradicionales porque sabe que puede fragmentarlos pactando con ellos y ofreciéndoles puestos a sus dirigentes”, dictaminó el politólogo Richard Morales en una entrevista concedida a un diario de la localidad.

¿Pero quién lidera o encauza el malestar generado por las acciones -o por la inacción- de Varela? Ante un PRD desgastado por conflictos internos y un CD con figuras que están enfrentando procesos judiciales, se abre la posibilidad de que una figura independiente, como es el caso del cantante Rubén Blades, pueda presentarse a los próximos comicios. Aún así, los que saben de política en Panamá no consideran viable el triunfo de un candidato que no cuente con el apoyo de una estructura política tradicional.

Ante la falta de liderazgo de los partidos tradicionales hay analistas que advierten sobre la posible gestación de un “nuevo poder político”, que por el momento se desconoce y que podría capitalizar el descontento que se ha venido acumulando a través de los años en el electorado.

De ser así, la clase política panameña estaría provocando la gestación de cambios que la podrían afectar en el futuro,, al perpetuar un sistema en el que las lealtades se venden al mejor postor, sin respeto alguno por las ideologías partidistas ni por las necesidades de la población; la política ya no sería una fuerza que nace de una vocación de servicio a la comunidad, sino una expresión más del cálculo que conduce al poder y a su permanencia en él.

¿Acefalía?

CD, una fuerza política sin heredero

Cambio Democrático (CD), el proyecto político que llevó a Ricardo Martinelli al poder en el pasado gobierno, hoy carece de un liderazgo que enrumbe el caudal político que ha consolidado en quince años de su vida como partido.
Su dirigencia está fragmentada, diezmada por los procesos judiciales. Aquellos que no han sido acusados de actos de corrupción, no se atreven a dar la cara por temor a alguna represalia. Al momento, solo Rómulo Roux y José Raúl Mulino han dicho que les interesa.

En el pasado proceso electoral Roux fue desplazado por la figura de José Domingo Arias, quien se estableció como ungido para reemplazar a Martinelli. Por su parte Mulino acaba de salir de la cárcel proclamando a los cuatro vientos que, además de seguir siendo amigo de Martinelli, está dispuesto a ser el candidato que postule el colectivo para las elecciones del 2019.

Por ahora, la membresía del partido está a la espera de que se defina la fecha para realizar las elecciones internas de los delegados al Congreso Nacional y varios frentes de masas, como la secretaría de la mujer y de la juventud.

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