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Política Exterior. La  nueva imagen de Panamá

Años atrás, en los pasillos de la cumbre de Cartagena se abrió paso la consigna: si Cuba no estaba presente en la siguiente cumbre, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia no asistirían a la reunión de Panamá.

Por: Mario Castro Arenas

Bajo ese clima de conspiración divisionista, Panamá corría el riesgo de un fracaso resonante. Lo que no conocían los conspiradores era que el entendimiento diplomático entre Estados Unidos y Cuba estaba diseñado por los jóvenes asesores al servicio de Obama. Los viajes de la Canciller Isabel Saint Malo a Washington dieron la impresión del que estaba al tanto de los tejemanejes  creados en la atmósfera de la guerra fría entre ambos países, y se estaba buscando la confirmación norteamericana de la rehabilitación de los vínculos destruidos por el bloqueo comercial y la situación de Cuba como miembro de la lista negra de países que apoyan al terrorismo.

Como país anfitrión de la VII Cumbre de las Américas, Panamá necesitaba la entente cubano – norteamericana  para diluir la amenaza del ausentismo de algunos estados  y lograr que concurrieran a la cita bajo el  riesgo de la conspiración de Cartagena. Gracias a las maniobras discretas de funcionarios cubanos y norteamericanos, Panamá sobresalió en un medio internacional  polarizado antes que se pusiera en marcha  el reinicio de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Panamá aportó el ambiente propicio para los encuentros personales de Obama y Castro. Fue, sin duda, el acontecimiento más importante de la política exterior y de la Cancillería en el primer año de gobierno.

Sin embargo, las relaciones internacionales  panameñas tropezaron con dos escollos aún no resueltos en el plano comercial:  las tensiones desatadas por el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos debido a la presión ejercida para que el gobierno panameño imponga el sistema de doble tributación a las empresas colombianas radicadas en el país.

Con el mismo espíritu recaudatorio, Colombia impuso aranceles aduaneros más altos al calzado y los productos textiles que se exportan desde la Zona Libre de Colón. El nombramiento de comisiones bilaterales es, en la práctica, una forma de darle largas  al asunto que ha estancado las negociaciones  del tratado de libre comercio,  enfriándose  las relaciones con el país vecino a una temperatura cada vez más gélida.

El fracaso de las tentativas de cobranza a las deudas en dólares de Venezuela con empresas de la Zona Libre de Colón y la línea aérea Copa, del grupo Motta, no es reconocida oficialmente por la Cancillería panameña porque, según se dice en los corrillos diplomáticos, el Presidente Varela no quiere ir al choque con el gobierno presidido por su amigo Nicolás Maduro. Se conocieron cuando ambos eran cancilleres, pero la amistad personal no ha servido de mucho en materia de deudas.

El quid del asunto es que, a medida que se dilata  el tiempo, se agudiza mucho más la crisis económica venezolana, convirtiéndose en un default de hecho que complica las gestiones de cualquier país o empresa privada de cobrarle dólares a un país insolvente. Por el otro lado, el gobierno panameño, aunque concurre a reuniones sobre derechos humanos en la OEA, guarda silencio inexplicable  ante los atropellos a la libertad de prensa, los vejámenes  que padecen los prisioneros políticos de la oposición y las violaciones de los derechos humanos  infligidas por el régimen de Maduro.

Se argumenta que Panamá no va a dar pasos que puedan representar formas de injerencia abierta en los problemas internos de Venezuela y de otros países. Pero es país signatario de tratados que comprometen su cooperación en la salvaguarda de la libertad de prensa y expresión, y posee antecedentes diplomáticos de haber formado parte del Grupo de Contadora y el Grupo de Río que coadyuvaron, en su momento, a la conclusión de las organizaciones subversivas de la región centroamericana.

Los nombramientos de embajadores y cuerpo diplomático en el exterior no destacan por la presencia de internacionalistas de alto perfil, conservándose la antigua práctica de preferir familiares, correligionarios y amistades. Se presentó, sin éxito legislativo, un proyecto de creación de la carrera diplomática sobre la base de acreditar como miembros de la carrera al personal diplomático en ejercicio.

En la era de la globalización, Panamá requiere contar con diplomáticos de carrera especializados en las ramas de derecho internacional público y derecho internacional privado, economía política, tratados y convenios, relaciones culturales, tecnología informática, agregados de prensa, que representen adecuadamente al país en el exterior, tanto en las representaciones diplomáticas como en el seno de las organizaciones internacionales.

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