Viernes , Noviembre 24 2017
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¿QUE TAL SI PARAMOS ESTA LOCURA?

Manuel Orestes Nieto

Signos huraños y extraños aparecen en este lugar donde habitamos, no anuncian días claros para avanzar sino atascamientos. La paradoja estriba en que el próspero destino que puede aguardar a escasos cuatro millones de personas -en el istmo donde las grandes visiones anfictiónicas dictaron que debíamos ser la capital universal- sea aniquilado por la avaricia, el abuso del poder, la impunidad y el desprecio al propio país. Es decisivo no estar perdidos en el camino como estamos; es imprescindible saber a dónde dirigirnos y no andar en zigzags o a gatas; poseer el mapa de los senderos para llegar al bienestar, repartirlo entre todos y no en poquísimas manos.

¿Cómo concertar el esfuerzo común, cuando lo que tenemos ante nuestros ojos y en las malas entrañas de algunos apátridas panameños es la tozudez -por cierto, cruel- de hacer más confuso y desvertebrado al país? Un país martillado de ilegalidades que termina esquinado, conforme y, hasta ahora, silente. Una plaga de irresponsables anda suelta en el gobierno y fuera de él. No estamos siendo el país anhelado y andamos con los pies invertidos, como la tulivieja. A mayor crecimiento más hambre, porque en el medio hay una mala fe que da codazos para trepar ella sola, insensible y voraz, y el dinero se concentra en contados clanes mientras la pobreza sobreabunda.

Ha sido tal y tanta la locura desatada y agudizada al extremo desde Ricardo Martinelli y estos años estériles de gobierno, que inventariar los hechos punibles que se sumaron aparatosamente para deshacer un país parece algo ya imposible. Esa casada de delitos no puede anular la responsabilidad de la justicia. Abrumador espectáculo que nos empalaga tanto que hemos llegado a repudiar y no querer saber de ese sancocho. Es en extremo delicado hastiar a un conglomerado que siente penurias e indolencias al mismo tiempo. Es más que un riesgo apostar por la indiferencia permanente de la población cuando le mientes y manipulas en su cara.

En la cima del poder se tramaron atracos sórdidos -en esta moda de los billones que parecen lechugas o langostas por todo Panamá y que han envenenado hasta el aire- que quizás nunca los conoceremos, a juzgar por la última comparecencia en televisión de la Procuradora General de la Nación y el anuncio del fin de las investigaciones de Odebrecht. Ello se suma al grupo creciente de casos caídos, antes de ventilarse, valorar prueba, dar alguna sentencia algún juzgado y detenidos que la CSJ envía para sus casas por razones técnicas y no de fondo. Este es el truco, la mezcla de viveza y cinismo, las instituciones carcomidas y ¡oh sorpresa! los delincuentes resultan ser adalides ante la ley, se llevaron tres mil millones de dólares y no hay trazos para condenarlos. Es muy fácil es ser grandilocuentes, sin plantear absolutamente nada, sólo una retórica hueca, desde la Presidencia misma. Una conjura, sutil y armada con cuidado, trata de desactivar las espoletas de aquellos casos de corrupción que le conviene. Esto sólo es posible con el concurso de todos los poderes y bajo conducción ejecutiva. El espejismo es que no hay tapadera sino el fingimiento de lanzar una cruzada oficial contra la impunidad y por el adecentamiento.

Martinelli no puede ni debe ser un camello pasando por el ojo de la aguja. Ni tampoco la saga que ha continuado, sin él y a pesar de él. Las inexplicables contrataciones posteriores en este gobierno a las mismas empresas cuestionadas, la desvalorización judicial a cero de las decisivas delaciones premiadas, la verdad enterrada en los expedientes que se intentan sellar, señalan que se trata de sostener lo imposible: que nada pasó.

Burlado el país por la misma justicia que debe protegerle, Panamá finge su estándar de primer mundo, hace ver que su democracia es pura y funcional, que aquí no hay los problemas de los países cercanos -como maras, cultivos de coca o amapolas- y todos estamos muy orgullosos de ser un país-imagen que crece pero que esconde el país-real con daños en su población y casi sin instituciones. Esto es la máscara de que somos lo máximo, un territorio aparte de las debilidades humanas y de las torceduras del poder. En realidad, nosotros hemos construido una ficción que no conduce a nada y que parece un perdona vidas muy original, mientras la locura sigue su parranda.

Somos nuestros propios huracanes y terremotos. Estamos desahuciando demasiada gente en la pobreza. Algunos creen fervientemente que su mundo es el único que existe, que todos vivimos como ellos, buscando el atajo del dinero fácil, y por tanto, ya escapamos de las angustias por sobrevivir y somos cien por ciento felices.

¿Qué tal si paramos esta locura? ¿Qué tal si ya dejamos de engañarnos y de fingir tanto? ¿Qué tal si los políticos se comportan como políticos, como gobernantes, como estadistas, y no como rufianes? ¿Qué tal si la cultura de los negocios turbios la frenamos con sólo no robar? ¿Qué tal si los partidos dejan sus herramientas clientelares, sus trincheras, bayonetas caladas y demagogias sin principios? ¿Qué tal si los independientes en verdad se independizan, suspenden, sus ganas veladas o abiertas de llenar los espacios vacíos de un supuesto liderazgo nacional, es decir, de la otra ruta al poder? ¿Qué tal si sacamos al país de las arenas movedizas en que se encuentra? ¿Qué tal si en lugar de seguir este rumbo fatal, el país-nación se convoca, debate, desenmascara y abre espacio para una recomposición ética que ponga un alto a tanta inmoralidad?

A los candidatos perennes y nuevas candidaturas movidas por el oportunismo, sin doctrinas ni compromisos, lo fundamental es lo que les tocará; por su parte, la panacea legislativa y sus operadores se pasaron de rosca. Agotados varios modelos perversos -políticos, económicos, de convivencia- a los cuales hay que añadir las consecuencias sociales producto de las distorsiones provocadas, lo que se impone es la decencia nacional y no ser una nación fracturada y renga.

No es posible pasar página como si fue sólo una cosa de locos y el dinero se perdió. La locura que comenzó muy chistosa y ahora sabe muy amarga. La locura no debe seguir suelta por la casa o la va a quemar. Los locos alborotados que ya han maltratado demasiado a los panameños.

¿Qué tal si impera un estado de cordura y los cuerdos se encuentran y demuestran que pueden más? Sin fingir ni engañar. Sin chiste. Sin cuentos. Sin falsas promesas. En serio. Sin juego de palabras. Esto, además, dejó de ser tema sólo de quien se pondrá la banda presidencial en la próxima elección. Es mucho y más grande y grave el problema. Tan grande como la nación. Mucho más grande que las aspiraciones personales y aunque los que ya van rumbo a las garetas prefieran el status quo, los donantes, los apostadores, la clientela, las campañas de siempre, los intereses galopantes ganando y cobrando por taquilla. El circo.

Los protagónicos de hoy, todos los actores con las túnicas que porten, los colores y los olores que emitan, deben entender que si dicen actuar por el bien del país, vayan viendo como restaurar la confianza perdida y planteen cómo creen que se puede salir de este atolladero, de este laberinto, comenzando -reitero- con parar la locura. Seguir con lo mismo es no sólo un suicidio, es terminal mal, es un caos. Un Panamá que con condiciones excepcionales pero atolondrado dio marcha atrás, barriendo sus huellas. Lo que sí está absolutamente claro es que el 2019 no puede ser la misma farsa potenciada de la década atrabiliaria que partió nuestra carreta, donde todo fue permisible y permitido en nombre de una débil democracia sin demócratas, desde un poder corrupto. Creo que Panamá puede aún ser el país que supo cerrar el manicomio de los desenfrenados. Eso sí sería un acontecimiento admirable. Lúcido. Impostergable. Una restauración nacional.

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3 comments

  1. Jorge E. Macías Jaramillo

    Reconstruir nuestro país Si podemos si trabajamos unidos y transitamos dia a dia por el sendero del respeto y cumplimiento del Civismo, Las Leyes, La Moral La Ética, Los Valores Humanos Universales los más importantes son: S o l i d a r i d a d, Si n c e r i d a d, H o n e s t i d a d, H o n r a d e z, E q u i d a d, R e s p e t o, J u s t i c i a (que incluye la justicia social y nos obliga a defender apoyar al que se le comete injusticia) F o r t a l e z a, L e a l t a d, H u mi l d a d (antídoto contra la soberbia), F o r t a l e z a, P i e d a d, C o n m i s e r a c i ó n, F i d e l i d a d, El Amor, porque si amas eres incapaz de hacerle daño a una persona, a los demás a la colectividad.
    Lo anterior debe ir acompañado de nuestro deseo de cero tolerancia a la delincuencia, corrupción e impunidad, Nos obliga a exigir el cumplimiento y respeto de la Justicia y las Leyes donde todo delincuente “incluidos los de cuello blanco” debe ser procesado, debe resarcir el daño: devolver lo robado lo mal habido y que reciba la pena de cárcel para brindarle la oportunidad de su rehabilitación y su posterior reinserción social.

  2. Definitivamente hay que cerrar el manicomio y recuperar la dignidad nacional.

  3. Guillermo Villalobos

    No me extraña el pensamiento y buen juicio de Manuel, su fina pluma recoge a través de este y dos artículos anteriores una realidad preocupante y creciente que vemos algunos respecto al tránsito que lleva el pais. Hay una embriaguez de la mayoría de la clase política que es utilizada muchas veces como testaferros de algunos intereses económicos insaciables en su acumulación y mezquinos en su compromiso de aportar a la distribución. Los exabruptos de corrupcion y el manoseo a la débil institucionalidad ponen en peligro la democracia misma y la viabilidad de la Nación. Es momento de cordura y no de oportunismo y como dice Manuel, de parar este atentado a la Patria.

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