Sábado , Agosto 19 2017
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“La capital francesa fue diseñada para ser el centro del universo...”

Reflexiones desde París

Normalmente, comenzar un texto así, con algo que oscila entre la obviedad y el cliché, sería arrancar con el pie izquierdo. Lo sé por experiencia. Pero en el caso de París, la lógica es distinta.

París, quizá la ciudad más espectacular y glamurosa del mundo, fue diseñada y construida para ser el centro del universo. Lo saben sus habitantes, y cualquiera que conozca la historia de Francia. Lo intuyen los (maravillados) visitantes.

Cualquier intento de comprender la realidad francesa, y su posición en el mundo en los últimos 400 años, debe comenzar considerando la relación entre el espíritu galo y el protagonismo mundial.

En cierta manera, el tema es sencillo. Por muchísimo tiempo, desde Richelieu hasta Napoleón, el mundo no supo qué hacer con Francia. Desde la caída del gigante corso, sin embargo, es Francia la que no ha sabido qué hacer con el mundo. O en él, para ser más precisos. Esa inseguridad ha sido una constante desde Napoleón III hasta François Hollande, y salta a la vista al hacer el viaje a París desde Bruselas.

La abundancia de cementerios recuerda que fue por ahí por donde entraron las dos últimas invasiones alemanas; mientras, el control de pasaportes al que fui sometido en la frontera evoca algo mucho más inmediato: los atentados del 13-N, que fueron concebidos en la capital belga.

El 13-N. Aquella noche, París se convirtió en el centro de la atención mundial, aunque podríamos decir que por los motivos equivocados. El mes de diciembre, la capital francesa acogió la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Al ser la vigesimoprimera vez que se reúnen desde 1992 (cuando se firmó la CMNUCC), recibe el nombre coloquial de COP21.

La COP21 tuvo lugar en Le Bourget, un centro de convenciones ubicado a unos 10 kilómetros al noreste del centro de París. Allí se encontraron las delegaciones de unos 190 países, casi la totalidad del mundo. Más de 130 de esas delegaciones, incluida la panameña, estuvieron encabezadas, en algún momento u otro –sobre todo al comienzo de la COP–, por sus respectivos jefes de Estado o de Gobierno.

Semejante concentración de líderes mundiales no es casualidad: la COP de París fue, simple y sencillamente, la negociación más importante de la historia sobre cambio climático. Y su éxito o fracaso dependió, casi exclusivamente, de si a su término se pudo anunciar, o no, un acuerdo global que evitara que el aumento en la temperatura promedio del planeta sea mayor de dos grados centígrados.

Así planteado, el tema parece sencillo. Pero lo cierto es que el cambio climático no es cualquier cosa. Su complejidad es tan grande como para colocarlo en una liga propia, quizá más allá de cualquier comprensión o solución. El cambio climático es un problema sin precedentes en la historia, un desafío cuya gravedad solo tiene comparación con nuestra absoluta falta de preparación (o voluntad o capacidad) para afrontarlo como un colectivo de seres humanos.

Para ilustrar esto basta con ver su historia. Estudios recientes confirman que el fenómeno que conocemos como cambio climático comenzó a finales de los 80. Poco después pasó a formar parte de la agenda geopolítica internacional, como demuestra la firma de la CMNUCC en Río de Janeiro hace 23 años.

Para 1995, cuando la primera COP fue organizada en Berlín, la concentración atmosférica de dióxido de carbono era de 361 partes por millón (ppm). Dos décadas después, esa concentración está por encima de las 399 ppm, 40% más que al comienzo de la Revolución Industrial.

Los primeros tres lustros del siglo XXI han sido particularmente devastadores: el carbón es hoy fuente del 41% de la electricidad y el 29% de la energía del planeta, más que en ningún otro momento de los últimos 40 años. Por ende, el aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) fue aún más drástico entre el 2000 y el 2010 que en las dos décadas anteriores.

El 2015 es ya el año más caliente jamás registrado, rompiendo el récord de 2014. La temperatura promedio de esta década es casi un grado mayor que la de hace 120 años. La historia del cambio climático se reduce a un cuarto de siglo del más absoluto fracaso.

Lo más triste, en todo caso, viene al ponerle una cara humana a todas estas cifras y estadísticas. Desde la COP de Berlín, los desastres relacionados con el clima han acabado con 606 mil vidas, destruido 87 millones de hogares y afectado a más de 4 mil millones de personas. Un reciente estudio de la Oficina para la Reducción de Desastres de la ONU demuestra que el 90% de todos los desastres actuales están relacionados con el clima. Y la frecuencia de los mismos –335 al año– se ha duplicado con respecto al periodo 1985-1995.

Para los más pragmáticos, esto se ha traducido también en pérdidas siderales de dinero. Según la ONU, la pérdida económica debido a desastres naturales en los últimos 20 años asciende a 1891 billones (millones de millones) de dólares. Otros estudios multiplican esa cifra por tres, promediando un costo de 250 mil millones de dólares anuales.

Como toda reunión de este tipo, su análisis gira en torno a varias ideas clave. Ya estamos más o menos familiarizados con el tema de los dos grados y demás, pero hay otros conceptos importantes. Uno de ellos es que si seguimos con las cosas como están, o business as usual, vamos hacia una subida de temperaturas promedio de más del doble.

El contexto general es conocido, pero vale la pena volver a repetirlo. Desde 1998, cada año ha sido más caliente que el anterior, por lo que el año en curso corona el periodo más caliente jamás registrado en nuestro planeta. Los estimados preliminares ponen la temperatura de 2015 unos 0.73 grados por encima del promedio del periodo 1961-1990, y casi un grado por encima del periodo pre-industrial, de 1880 a 1899.

¿Cómo se ha visto todo esto reflejado? Bueno, México acaba de sufrir el huracán más fuerte jamás registrado. El hielo en la Antártida se está derritiendo a tal velocidad que se estima que las capas heladas pueden colapsar para 2100, garantizando una subida catastrófica en el nivel del mar. Asimismo, los científicos han concluido que la mayor parte de las 40 mil especies de árboles tropicales del mundo están técnicamente en peligro de extinción. Eso incluye entre el 36 y el 57% de las 15 mil especies en el Amazonas. Aquí es necesario añadir un par de datos demoledores: el 90% de los árboles del mundo son tropicales, y el Amazonas representa la última gran extensión de árboles en el planeta.

Desde 1900, África ha perdido el 55% de su bosque tropical, y Asia el 35%. Así, los árboles ya son parte oficialmente de las especies más amenazadas. Siguiendo con el business as usual, es ya casi de conocimiento popular que la guerra en Siria es el primer gran conflicto originado por el cambio climático. La sequía que le precedió, de hecho, es considerada la peor desde que la agricultura comenzó en la Media Luna Fértil hace un milenio.

Es necesario tener todo esto en cuenta para comprender el tema de los dos grados. Aquí hay dos cosas que son importantes. La primera es, ¿hacia dónde vamos con el business as usual? En este sentido, el consenso científico es aterrador: si seguimos así, para 2045 estaremos sobrepasando los dos grados de aumento, y para 2100 la temperatura promedio habrá aumentado entre 4 y 5 grados centígrados, con un metro más en los niveles del mar, y consecuencias tan graves que son imposibles de imaginar.

Sólo para hacernos una idea, 5 grados representa la diferencia entre la temperatura promedio del mundo de hoy y la de la última era de hielo.

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