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El 19 de junio de 2015 el Instituto Nacional de Cultura anunció el ‘cierre preventivo’ del Teatro Nacional por un periodo de tiempo indeterminado, a causa del ‘deterioro’ del inmueble, lo que representaba un ‘riesgo potencial’.

Tiempo de telones rotos

Por: Orlando Acosta Patiño

En sus más de cien años de historia el Teatro Nacional ha pasado por procesos de decadencia y deterioro, que le llevaron desde el esplendor de su inauguración con la opera “Aida” a los espectáculos populacheros de circo a mediados del siglo XX. Fue escenario de la reunión de la Constituyente de 1945-46 y es rescatado de su ruina a inicios de la década de los años setenta por la administración de Omar Torrijos. Su última intervención, que supuso una evaluación integral, se ejecutó en el año 2003 bajo la administración de Mireya Moscoso y luego para el centenario del edificio.

Posteriormente, los problemas estructurales fueron exhibidos en el año de 2008 bajo el alcance de otro contrato hecho a un grupo de expertos restauradores y arquitectos de trayectoria local y vinculados con restauraciones en el Casco Viejo. Ese mismo año se intervino el techo y las estructuras que hoy parecen dañadas y que –pareciera- quedaron fuera del alcance correctivo, o bien no fueron ejecutados integralmente. El deterioro identificado y las obras en el 2008 fueron ignorados por los profesionales contratados, o bien el proyecto no fue fiscalizado por el INAC.

En junio del 2015 el Teatro es clausurado por el INAC por un período indefinido debido a daños estructurales, mientras la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) realizaba una evaluación exhaustiva de la condición de éste. Corrosión del acero, losas deterioradas, fibra de vidrio en los sistemas de ventilación, mala condición del escenario era parte de la patología que exhibe el inmueble. Entonces, la administradora del INAC, Janelle Davison, ante la pregunta de su apertura, respondió de manera pública y notoria, con un desconcertante “no tenemos ideas cuándo”. Ante reclamos de “¿Dónde está mi escuela Artes?” y “El Arte es vida” miembros de El Kolectivo y la organización ProArte protestaron frente al Teatro en agosto del año pasado pidiendo su apertura.

Sin restaurador

El 20 de noviembre del año pasado el INAC entregó orden de proceder al consorcio AYESA PM Teatro Nacional y asignó, para la administración del proyecto, 1 000 080 000 dólares. Es responsabilidad del administrador de proyecto, revisar toda la documentación previa, levantamiento de planos, especificaciones técnicas y costos para la obra civil, para logra que el Teatro Nacional sea intervenido y finalmente abierto. Para esa fecha, la administración del INAC anuncia que la remoción de la fibra de vidrio avanza en un 60% y que la inspección de las pinturas de Roberto Lewis había concluido.

En febrero del año actual, ninguna empresa se presentó a la reunión de homologación como parte de la convocatoria para la rehabilitación del teatro y restauración del acervo artístico. A esta primera etapa de la obra civil se le asignó un presupuesto estimado de 673 000 dólares, un tercio de lo que la administración del proyecto demanda. La Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos estima que el precio de referencia es muy bajo, dada la complejidad de la tarea. La directora del INAC espera que el Teatro se abra en 2018, pero la cosa está verde.

El 9 de febrero, el acto público para los trabajos de la primera fase fue declarado desierto. Lo mismo ocurrió para la segunda convocatoria del 21 de febrero, la cual fue trasladada para el 24 de ese mismo mes. Para el 2 de marzo se declaró desierta ésta segunda convocatoria.

¿Qué está sucediendo con el proyecto de rehabilitación del teatro? ¿Las especificaciones no son cónsonos con el presupuesto? ¿Es la intervención más compleja que lo que especifican los administradores del proyecto? ¿No existe capacidad local para la intervención solicitada por el INAC? Son varias las preguntas y ninguna las respuestas.

Sobre el particular Portada tuvo la oportunidad de consultar la opinión de Carlos Fitzgerald, investigador, trabajador en temas patrimoniales y ex funcionario de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico. “En los últimos veinticinco años el teatro viene siendo intervenido, siendo la última y la más notable para el centenario de la República; y luego en menor escala, para el centenario del teatro en el 2008.

Queda claro que hay algo no está funcionando en torno al mantenimiento, seguimiento y a la gestión cultural. Y por consiguiente la lección aprendida no está siendo asimilada. No debemos repetir los errores del pasado. No está claro si esto se puede alcanzar mediante la gestión un administrador de proyectos que logre prevenir los problemas de deterioro mediante un adecuado mantenimiento. No es admisible llegar a una situación de crisis que obligue, de manera indefinida, al cierre de este importante elemento de nuestro patrimonio cultural”.

La particular circunstancia de tener dos actos públicos desiertos para la rehabilitación del teatro expone la deficiente gestión cultural y de cómo la experiencia previa de intervención no es acumulada por parte de la administración del INAC. El futuro de la rehabilitación del teatro parece ser incierta. Todo parece indicar que en un tercer acto desierto, la administración del INAC tendrá la potestad de asignar la obra directamente.

¿Estamos ante otro acto de corrupción o bien ineficiencia o falta de capacidad técnica?

¿Tenemos derecho a disfrutar nuestro patrimonio histórico? Sobre éste concepto, nos sigue diciendo Fitzgerald: “El teatro, como todo monumento, debe ser un patrimonio vivo, así como su acervo artístico, especialmente las destacadísimas obras de Roberto Lewis que se encuentran en el vestíbulo, en el foyer y de manera excepcional en el Plafón. Estas obras existen para ser disfrutada y compartidas con un público. Parte del problema del cierre indefinido del teatro, en la perspectiva que el edificio está en peligro, es que estamos siendo robados y, menoscabados del derecho de tener acceso en nuestra cultura, en tanto el teatro, no se puede visitado por su deplorable estado”.

Arte truncado

Sobre el particular Monica Miguel, actriz y profesional de las artes, afirma: “todos los países evolucionados tienen un Teatro Nacional en el cual se puede mostrar el talento que sin duda existe en cada uno de los países. Con el Teatro Nacional cerrado estamos limitados en cuanto abrir las ventanas para el disfrute y desarrollo del teatro como género en el país. En Panamá no solo tendríamos que preguntar cuándo se va a abrir el teatro, sino preguntar el por qué se cerró”.

En el orden administrativo, la Asamblea de Diputados aprobó recientemente, en tercer debate la creación de un patronato para el Teatro Nacional y para el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz. Miguel precisa que “El tema de los patronatos en Panamá, es difícil de abordar. Hay experiencias exitosas como también otras fracasadas. ¿Va el patronato a promover la creación, por ejemplo, de una Compañía Nacional de Teatro, como existen en muchos países de la región? Soy escéptica con relación a un patronato para el Teatro Nacional”.

La perspectiva de la conservación de patrimonio histórico y artístico en Panamá, con respecto al futuro del Teatro Nacional y el impacto social en la actual circunstancia de su cierre indefinido, debe generar un debate mucho más amplio y transparente. La gestión cultural con relación a éste patrimonio es incierto y parece demandar de recursos técnicos y financieros que permitan su continuidad y garantizar nuestro derecho a apreciarlo en toda su dimensión.

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