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Una maravilla entre dos mares

El autor es un conocido crítico de cine y uno de los periodistas cultturales de más amplia trayectoria a nivel local. Es egresado de la Universidad de Panamá. Es productor del programa “Zona de jazz”, que se transmite los lunes en la noche, por la Radio 10. Asimismo, ha colaborado con el Festival Internacional de Cine

Por: Rainer Tuñón C.

La obra de ingeniería más sorprendente de este siglo está en plena marcha y el nombre Panamá vuelve a lucir galas. Si en el anterior emprendimiento, hace más de 100 años, se consideraba al Canal de Panamá como la “octava maravilla en el mundo”, en pleno siglo XXI se están haciendo comparaciones sencillas -pero extraordinarias- sobre la magnitud de este megaproyecto que, por un poco más de nueve años, estuvo en la mira de sus seguidores.

De esto explicado -se decía- por ejemplo, que la obra llevó tanto hormigón como para rellenar dos pirámides de Keops o suficiente hierro para fabricar 22 torres Eiffel. Es más, el equivalente estimado de material -en metros cúbicos de concreto- entregado para el desarrollo del proyecto ha sido de 2,3 millones, suficiente como para construir una autopista Panamá – Oaxaca.

En otros tiempos, otras latitudes

Keops fue el segundo faraón de la cuarta dinastía del imperio egipcio, de quien se conoció que para realizar su sueño llegó incluso a prostituir a su hija para alcanzar el financiamiento de su monumental obra. Con ello, contrató mano de obra calificada -no esclavos como señalaban las leyendas y filmes del género péplum que acostumbramos consumir en demasía-, entre ellos técnicos especialistas en geometría, estereometría y astronomía; sin embargo, las fallas se dieron en el manejo administrativo y la relación religiosa que contradecía el tradicionalismo egipcio.

¿Y qué decir de la torre Eiffel? Se estrenó para la exposición Universal de París, Francia, en 1889, una controversial obra cuyo ingenio real se dio en la venta y comunicación de este proyecto por su artífice, Alexandre Gustave Eiffel, que a pesar de que se vislumbraba como un colosal fracaso -más que un desafío arquitectónico- su resultado la ha perpetuado como el icono por excelencia de su país ante los ojos del mundo.

Oaxaca, en cambio, siendo considerada como la zona de mayor complejidad geográfica de la nación azteca, tras alcanzar actividad superior a los 8,5 en la escala Richter, es uno los estados con rica tradición en infraestructura vial, muy reconocida por la súper carretera de cuota Oaxaca-Cuaucnopalan, entre muchísimas otras rutas de transporte terrestre.

Estas analogías que han expuesto los protagonistas de obras maravillosas se perciben en su justo contexto luego que entender que el Grupo Unidos por el Canal (GUPC), constituido por la empresa italiana Impregilo, la panameña CUSA, la belga Jan de Nul y la española Sacyr, están en la historia por enfrentar uno de los retos más alucinantes de la ingeniería mundial. Al mismo tiempo, podrán contar una contagiosa leyenda que en su cronograma saboreó mieles de desgaste, inminentes huelgas, retrasos alarmantes y agotadoras negociaciones, tanto en tiempos de calma, como cuando la crisis agitaba su recorrido, amén de la experiencia de Eiffel o el mismísimo Keops.

Misión cumplida

Giuseppe Quarta, director Operativo del consorcio GUPC, responsable de las obras, sintió el efecto positivo de la labor acometida. “El proyecto está listo para recibir el primer buque, demostrando que funciona a la perfección y que seguimos cumpliendo a cabalidad con los requisitos del contrato”, explicaba a medios locales.

El Canal ampliado es un hito revelado con orgullo y satisfacción por empresas como Sacyr, quienes reconocieron la labor titánica de ingeniería y construcción que representó esta histórica pieza de ingeniería.

En su momento, Manuel Manrique, presidente de Sacyr, explicó que, para la empresa, la finalización de obra representa un antes y un después. Resaltó que ha sido un trabajo ilusionante y un reto muy difícil desde los puntos de vista técnico, logístico, de planificación y, sobre todo, de un manejo relacional de mucha cintura entre los distintos grupos de intereses en Panamá y el mundo.

Por su parte, se llegó a conocer que CEMEX, como proveedor de soluciones de materiales de construcción, brindó más de 830 mil toneladas de cemento al GUPC. Todo un reto, en definitiva, pero al mismo tiempo una gran satisfacción, pues se aportó un producto especial con tecnología de calor de hidratación controlado para vaciados masivos, dentro de las especificaciones técnicas.

Esta empresa mexicana, según se dio a conocer, hizo una importante inversión de aproximadamente 300 millones de dólares en la ampliación de sus operaciones en Panamá para desarrollar una línea que triplicara la capacidad de producción, logrando así participar en el suministro del cemento para la construcción de las esclusas del Pacífico.

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